miércoles, 19 de octubre de 2011

FILOSOFEMOS

 

Querien Vangal

 

Se dice que perdonar es olvidar, más ¿es esto posible?  No se necesita mucha sabiduría para contestar esta pregunta, ¿por qué? Pues simplemente porque sólo sería posible si nos cambiaran el cerebro o perdiéramos la razón.  Entonces ¿cómo olvidar?, ¿cómo cubrir este requisito, que parece inalcanzable?  La contestación es ciertamente fácil: restarle importancia hasta minimizarlo totalmente, que deje absolutamente de tener importancia, y esto si se puede, con una voluntad férrea, haciendo acopio de la fortaleza que nuestra fe en Dios nos brinda, y apoyándonos en Él tendremos la fuerza necesaria para vencer cualquier inquietud que quiera dominar nuestra mente. 

 

No hay cosa que enaltezca más al espíritu humano que el saber perdonar, empezando por el perdonarse uno mismo.  Estableciendo un parangón con: "Ama a tu prójimo como a ti mismo", que nos exige primero a amarnos nosotros mismos para que de igual forma a nuestro prójimo, así es con el perdón.

 

"SI QUEREMOS EL CIELO, SIEMPRE ESTA AL ALCANCE DE NUESTRA MANO"

 

EL MILAGRO DEL PERDÓN

 

Una mujer que se llevaba muy mal con su esposo sufrió un paro cardíaco. Casi a punto de morir, un ángel se presentó ante ella para decirle que, evaluando sus buenas acciones y sus errores no podría entrar al cielo; y le propuso permitirle estar en la tierra unos días más hasta lograr cumplir con las buenas acciones que le faltaban. La mujer aceptó el trato y se regresó otra vez en su hogar junto a su esposo.  El hombre no le dirigía la palabra porque hacía tiempo que estaban peleados.

 

Ella pensó:

-    Me conviene hacer las paces con este hombre. Está durmiendo en el sofá, hace tiempo dejé de cocinarle.  Él ahora está planchando su camisa para salir a trabajar, le daré una sorpresa.

Cuando el hombre salió de la casa, ella empezó a lavar y planchar toda la ropa de él. Preparó una rica comida, puso flores en la mesa con unos candelabros, y un cartel en el sofá que decía: "Creo que puedes estar más cómodo durmiendo en la cama que fue nuestra. Esa cama donde el amor concibió a nuestros hijos, donde tantas noches los abrazos cubrieron nuestros temores y sentimos la protección y la compañía del otro. Ese amor, aún con vida, nos espera en esa cama.  Si puedes perdonar todos mis errores, allí nos encontraremos".

Tu Esposa    

Cuando terminó de escribir el último renglón "Si puedes perdonar todos mis errores" pensó: ¿me he vuelto loca?, ¿yo voy a pedirle perdón cuando fue él quién empezó a venir enojado de la calle cuando lo echaron de la fábrica y no conseguía trabajo? Yo tenía que arreglarme con los pocos ahorros que teníamos haciendo malabares, y todavía tenía que soportar su ceño fruncido. Él empezó a tomar, aplastado en el sillón, exigiendo silencio a los niños que sólo querían jugar. Él empezó a gritarme cuando yo le decía que así no podíamos seguir, que yo necesitaba dinero para mis hijos. Él lo arruinó todo; y ¿ahora yo tengo que pedirle perdón?

Enfurecida rompió la carta y escuchó la voz del ángel que decía:
 -    "Recuerda: algunas buenas acciones y alcanzarás el cielo, de lo contrario no podrás entrar".

La mujer pensó:

-    ¿Valdrá la pena?, y rehízo la carta agregando aún más palabras cariñosas: "No supe comprender nada entonces, no supe ver tu preocupación al quedarte sin empleo, luego de tantos años con un salario seguro en esa fábrica.  ¡Debiste haber sentido tanto miedo!  Ahora recuerdo tus sueños de "cuando me jubile haremos".  Cuántas cosas querías hacer al jubilarte.  Pude haberte impulsado a que las hicieras en lugar de obligarte a aceptar estar todo el día sentado en ese taxi.

Ahora recuerdo aquella noche de locura cuando rompí esas cartas de amor que habías escrito para mí, y prendí fuego a todas las telas de los cuadros que pintabas. En ese momento me enfurecía verte allí, encerrado en ese cuarto gastando nuestro dinero en pomos de pintura para nada, o sentado en ese escritorio escribiendo tonterías para mí. Debí haberte impulsado a vender esos cuadros. Eran realmente hermosos.  Estaba desesperada, yo también me sentía segura con el salario de la fábrica y no supe ver tu dolor, tu miedo, tu agonía.

Por favor perdóname mi amor. Te prometo que de hoy en adelante, todo será diferente. Te amo.

Tu Esposa    

Cuando el marido regresó del trabajo, al abrir la puerta notó algo distinto; el olor a comida, las velas en la mesa, su música favorita sonando suavemente y la nota en el sofá.  Cuando la mujer salió de la cocina con la fuente en la mano, lo encontró tirado en el sillón llorando como un niño. Dejó la fuente, corrió a abrazarlo y no necesitaron decirse nada, lloraron juntos, él la alzó en sus brazos y la llevó hasta la cama; hicieron el amor con la misma pasión del primer día.  Luego comieron la exquisita comida que ella había preparado, rieron mucho mientras recordaban anécdotas graciosas de los niños haciendo travesuras en la casa.

Él la ayudó a levantar la mesa como siempre lo hacía, y mientras ella lavaba los platos, vio por la ventana de la cocina que en el jardín estaba el ángel. Salió llorando y le dijo:

 -    Por favor ángel, intercede por mí. No quiero a este hombre sólo en este día. Necesito un tiempo más para poder impulsarlo con sus cuadros, y tratar de reconstruir esas cartas que sólo para mí y con tanto amor había escrito. Te prometo que en poco tiempo, él estará feliz, seguro; y ahí sí podré ir donde me lleves.

El ángel le contestó:

 -    No tengo que llevarte a ningún lado, Mujer. Ya estás en el cielo, te lo has ganado. Recuerda el infierno donde has vivido y nunca olvides que el cielo siempre está al alcance de tu mano.

La mujer oyó la voz de su marido que desde la cocina le gritaba:
 -    "Mi amor, hace frío, ven a acostarte, mañana será otro día".

Sí -pensó ella-, gracias a Dios, mañana será otro día...

 

USTED

Usted, que reclama lo que no recibe, ¿ya pensó en lo que no da?

Usted, que se lamenta porque sufre, ¿ya pensó en cuánto hace sufrir?

Usted, que acusa a la ignorancia, ¿ya evaluó sus conocimientos?

Usted, que condena el error, ¿ya percibió cuánto erró?

Usted, que se dice amigo sincero, ¿ya se analizó con sinceridad?

Usted, que se queja de penurias, ¿ya vio cuánto posee más que los otros?
Usted, que critica el mundo, ¿ya hizo algo para mejorarlo?

Usted, que sueña con el cielo, ¿cuánto ha hecho para extinguir el infierno?
Usted, que se dice modesto, ¿se sentiría orgulloso de parecer humilde?

Usted, que condena el mal, ¿ha procurado difundir el bien?

Usted, que deplora la indiferencia, ¿ha sembrado el amor?

Usted, que se aflige con la pobreza, ¿ha usado bien sus riquezas?

Usted, a quien le duelen las espinas, ¿ha cultivado rosas?

Usted, que tanto lamenta las tinieblas, ¿ha esparcido luz?

Usted, que se ocupa de sí mismo, ¿se ha preocupado de los demás?
Usted, que se siente tan pequeñito, ¿ha procurado crecer?
Usted, que se queja de soledad, ¿ha brindado su compañía a un amigo?
Usted, que se asusta ante la enfermedad, ¿que ha hecho por su salud?
Usted, que anhela la concordia, ¿ha combatido la discordia?

 

Un Abrazo, que Dios te bendiga, te muestre su rostro, te sonría y permita que prosperes en todo, y derrame sobre ti, muchas bendiciones de Vida, Paz, Amor, y mucha Prosperidad.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Los caminos de Dios no son los nuestros


Vivir junto a Dios es vivir en zozobra, es vivir en interrogantes: ¿Qué quieres de mi, Señor?.


Por:
P. Cipriano Sánchez LC


"Ahora sé que no hay más Dios que el de Israel". Esta frase con la que el general asirio confiesa su fe después de haber sido curado, es la frase con la que todos nosotros podríamos también resumir nuestra existencia. Ésta tendría que ser la experiencia a la que todos llegásemos en el camino de nuestra vida. Un Dios que a veces llega a nuestra vida de formas y por caminos desconcertantes, un Dios que a veces llega a nuestra vida a través de situaciones que, según nuestros criterios humanos, no serían los normales, no serían los lógicos, no serían los racionales; un Dios que aparece en nuestra vida para santificarnos y para llenarnos de su luz y de su verdad, aunque nosotros no entendamos cómo. Porque esto es lo que hace Dios nuestro Señor con todas las vidas humanas: las lleva por sus caminos, aunque ellas no sepan cómo.

Los caminos de Dios no son nuestros caminos. A veces no son ni siquiera los caminos de las personas que han sido elegidas. A veces para las mismas personas elegidas, los caminos de Dios son sumamente obscuros, son sumamente extraños, no son siempre comprensibles. Esto es muy importante para nosotros, porque a veces podríamos pensar que las personas que han sido elegidas por Dios para hacer una grandísima obra en su vida, tienen realizados y escritos todos los puntos y comas de los planes de Dios; y no es así. También las personas elegidas por Dios para realizar una gran obra en su Iglesia tienen que ir, constantemente, aprendiendo a leer lo que Dios nuestro Señor les va diciendo.

En la primera lectura se nos habla de este general asirio que quiere ser curado, y para él, el ser curado tiene que ser una especie de gran majestad, de gran poderío, y por eso se va con el rey. Cuando se da cuenta de que el camino de Dios es distinto, no lo hace por su propio juicio, sino que es uno de sus esclavos quien le va a decir: "Padre mío, si el profeta te hubiera mandado una cosa muy difícil, ciertamente la habrías hecho. ¡Cuánto más, si sólo te dijo que te bañaras y quedarías sano!".

La pregunta fundamental es si nosotros estamos aprendiendo a leer los caminos de Dios sobre nuestra vida. Si nosotros estamos aprendiendo a entender esas páginas que a veces son borrosas, a veces son extrañas. Si nosotros estamos aprendiendo a conocer a Dios nuestro Señor o siempre queremos que todos los planes estén escritos, que todos los planes estén hechos.
Vivir junto a Dios es vivir en zozobra, es vivir en interrogantes. Vivir junto a Dios es vivir en continua pregunta. La pregunta es: ¿Qué quieres Señor? Si así es nuestro Señor, ¿por qué entonces, tiene que extrañarnos que la vida de aquellos sobre los que Dios tiene unos planes tan concretos, tan claros, sea difícil? Si para ellos es costoso leer, ¿no lo va a ser para nosotros? ¿Podemos nosotros pensar que no nos va a costar leer los planes de Dios, que no nos va a costar ir entendiendo exactamente qué es lo que Dios me quiere decir? Constantemente, para todos nosotros, la vida se abre como una especie de obscuridad en la que tenemos que ir realizando y caminando.

"No hay más Dios que el de Israel". ¿Sabemos nosotros que Él es el único Dios y que por lo tanto, Él es el único que nos va llevando a lo largo de nuestra existencia por sus caminos, que no son los nuestros? Estos caminos a veces coinciden, a veces pueden llegarse a entender, pero no siempre es así. Cada uno de nosotros, en su vocación cristiana, tiene un camino distinto. Si pensamos cómo hemos llegado cada uno de nosotros al conocimiento de Cristo, nos daremos cuenta que cada uno tuvo una historia totalmente diferente; cada uno tuvo una historia muy particular. Y aun después de nuestro encuentro con Cristo, incluso después de que hemos llegado a conocerlo, la historia sigue una aventura. Y si nuestra historia no es una aventura, quiere decir que hemos hecho lo que estaba a punto de hacer el general asirio: marcharse. Marcharnos porque no entendimos los planes de Dios y preferimos manejarnos a nuestro antojo, manejarnos según nuestra comodidad. Nos marchamos pensando que a este Señor no hay quien lo entienda y perdemos la oportunidad de experimentar y saber que el único Dios, es el Dios de Israel.

Jesús, en el Evangelio, viene a recalcarnos precisamente que es Dios quien elige, quien se fija, quien llama y que es Él quien sabe porqué permite los caminos por los cuales nuestra vida se va desarrollando. Es Dios quien lo hace, no nosotros.

El ejemplo de las muchas viudas que había en Israel y Dios se fijó en una y el ejemplo de los muchos leprosos que había en Israel y Dios escogió precisamente a uno que ni era de Israel, nos deja muy claro que es Cristo el que manda. Nosotros tenemos que atrevernos a ponernos ante Dios con una sola condición: la condición de estar totalmente abiertos a su voluntad. De nada nos serviría conocer grandes hombres, de nada nos serviría conocer grandes personajes si no aprendemos la lección fundamental que estos grandes hombres vienen a dejarnos: la lección de estar siempre dispuestos a leer la letra de Dios, de estar siempre dispuestos a entender el camino por el cual Dios nos va llevando. Recordemos que Él sabe cuál es.

Los que vivían en el mismo pueblo de Jesús rechazan el modo de ser de Cristo y lo que hacen es alejarse de su vida. Solamente se puede tener a Cristo cerca cuando se tiene el alma abierta. Cada vez que nuestra alma se cierra a la generosidad, a la entrega, a la fidelidad, a la disponibilidad, en ese mismo momento, nuestra alma está alejando a Cristo de nosotros.

¡Qué serio es que pudiéramos ser nosotros los responsables de que Cristo no estuviese verdaderamente en nuestra vida! ¡Qué serio es que pudiéramos ser nosotros los causantes de que nuestra vida estuviese vacía de Cristo! Hay que ser muy exigentes con uno mismo. Hay que tener una gran disciplina interior, que a veces nos puede faltar. La disciplina que nos hace, en todo momento, seguir el camino concreto con el cual Dios nuestro Señor va marcando nuestra vida.
¿Estamos dispuestos a entenderlo? Solamente vamos a estar dispuestos a entenderlo si hay en nuestra vida la característica que hay en todos los hombres que quieren verdaderamente encontrarse con Dios: estar sediento de Dios, que da la vida. Estar sedientos de Él es el único modo que va a haber para que nuestra alma encuentre siempre, y en todo momento -a través de las circunstancias, de las personas, de los ambientes, de las dudas, de las caídas, de nuestras debilidades- a Dios; si realmente somos, tal y como lo dice el salmo: "Como un venado que busca el agua de los ríos, así cansada, mi alma te busca a ti, Dios mío".

El alma que tiene sed de Dios pasará por lo que sea: estará en obscuridades, tendrá dificultades, caídas, miserias, pero encontrará a Dios y Dios no se apartará de él. Podrá encontrarse con el Señor, no importa por qué caminos, pues esos son los caminos del Señor y Él sabe por dónde nos lleva. Lo único que importa es tener sed de Dios. Una sed que es lo que nos autentifica como personas de cara a nuestros hermanos los hombres, de cara a nuestra familia, de cara a nuestro ambiente, de cara a nosotros mismos.

No es cuestión de entender las cosas. No es cuestión de saber que mi vida tiene que estar realizada, manejada y ordenada de determinada manera, sino que es cuestión de tener sed de Dios. El alma que tiene sed de Dios va a permitir que sea Dios quien le realice la vida. Y el alma que va a realizarse apartada de Dios, significa que no tiene, verdaderamente, sed de Dios. Podrá ser muchas cosas -podrá ser un magnífico organizador en la Iglesia, podrá ser un excelente conferencista, podrá ser un hombre de un gran consejo espiritual-, pero si no tiene sed de Dios, no estará realizando la obra de Dios.

Ahora veámonos a nosotros mismos en nuestra organización, en nuestro trabajo, en nuestro esfuerzo, en nuestra vocación cristiana y rasquemos un poco, a ver si en nuestro corazón hay verdaderamente sed de Dios. Si la hay, podemos estar tranquilos de que estamos en el camino en el que hay que estar. Podemos estar tranquilos de que estamos en la ruta en la cual hay que ir. Podemos estar tranquilos porque tenemos en el corazón lo que hay que tener. No tendremos que tener miedo porque esa sed de Dios irá haciendo que la luz y la verdad de Dios se conviertan en nuestra guía hasta el Monte del Señor. Es un camino que requiere estar dispuestos, en todo momento, a querer entender lo que Dios nos pide. Estar dispuestos, en todo momento, a no apartar jamás de nuestro corazón a Jesucristo y mantener siempre viva en nuestro corazón la fe del Dios que da la vida.

 

Tener conciencia de nuestra debilidad

 

¿Por qué en el espíritu a veces nos sentimos tan fuertes, cuando realmente somos tan débiles?


Autor: P. Cipriano Sánchez

Fuente: Catholic.net

 

Creo que muchas veces nuestro problema de conversión del corazón, que nos lleva a una falta de identidad, no es otro sino esa especie como de ligereza, de superficialidad con la que, al ver las situaciones que estamos viviendo, pensamos que al fin y al cabo no pasa nada. Sin embargo, pudiera ser que, cuando quisiéramos arreglar las cosas, ya no haya posibilidades de hacerlo.

Cuántas veces vivimos con una superficialidad que nos impide entrar en nuestro interior y darnos cuenta de la gravedad de algunos comportamientos, de algunas actitudes que estamos tomando, o darnos cuenta de la seriedad de algunos movimientos interiores que estamos consintiendo; con lo que nosotros estamos aceptando una forma de vida que puede llegar a apartarnos realmente de Dios, que pueden llegar a endurecer nuestro corazón e impedir que el corazón se convierta y llegue a darse a Dios nuestro Señor.

Cuántas veces este problema sucede en las almas, y cómo, cuando nosotros lo captamos, podríamos decir simplemente: "total es sin importancia, no pasa nada". Sin embargo, es como si el soldado que estuviese vigilando en su puesto de guardia oyese un ruido y dijese: "no es nada." Pero, ¿qué pasaría si detrás de ese ruido estuviese alguien?

Ahora bien, para vigilar, no basta no ser indiferentes. Para vigilar auténticamente, es muy importante que nos demos cuenta tanto de la profundidad como de la debilidad del alma. Tenemos que darnos cuenta de que no tenemos garantizada la vida. ¿Quién de nosotros puede poner una mano en el fuego por la propia seguridad, o por la propia salvación? San Pablo dice: "Quién está de pie, tenga cuidado, no sea que caiga".

Tenemos que ser conscientes de que solamente un alma que se sabe herida, es un alma capaz verdaderamente de vigilar, porque entonces va a tener una especie como de instinto interior que le va a ir llevando a no dejar pasar las cosas sin revisarlas antes. Es como cuando estamos enfermos y no podemos tomar algún tipo de comida, antes de comer algo nos fijamos qué ingredientes tiene esa comida, no vaya a hacer que nos haga daño. ¿Por qué en el espíritu a veces nos sentimos tan fuertes, cuando realmente somos tan débiles?

Sin embargo, esa debilidad no nos debe llevar a una actitud de temor ante la vida, a una angustia interior insoportable. Porque si nos damos cuenta de que lo único que puede sostener nuestra vida, lo único que puede hacernos profundizar realmente en nuestra existencia no es otra cosa sino el amor de Dios, el anhelo de Dios, el deseo de Dios, eso mismo nos llevaría a una auténtica conversión del corazón, a un grandísimo amor a Él.

¿Hay en mi alma ese anhelo de Dios nuestro Señor? ¿Hay en mi alma ese ardiente fuego por amar a Dios, por hacer que Dios realmente sea lo primero en mi vida? Éste es el camino de conversión, es la forma de ver el camino de la salvación. No nos quedemos simplemente en los comportamientos externos.

La Cuaresma, más que un comportamiento externo, tiene que ser un llegar al fondo de nosotros mismos; la mortificación corporal debe dar frutos espirituales.

Vamos a pedirle a Jesucristo en la Eucaristía, que así como Él se nos da en ese don, nos conceda poseer una gran profundidad en nuestra vida para poder tener conciencia de nuestra debilidad, y, sobre todo, nos conceda un gran anhelo de vivir a su lado, porque si algún día en ese camino de conversión del corazón, por ligereza o por superficialidad, caemos, si tenemos el anhelo de amar a Dios, tenemos la certeza de que tarde o temprano, de una forma u otra, acabaremos amando.

 

Divinas palabra

Mora Torres

 

"Más veces descubrimos nuestra
sabiduría con nuestros disparates
que con nuestra ilustración"

 

  

Para recordar el genio de Valle Inclán puse este título, pero también podría haber llamado a mi artículo "Las palabras y la felicidad" (para refrescar o conocer parte de la obra de Valle Inclán les sugiero recurrir a "Romance de lobos", enviado por Carlos González).

Las palabras producen felicidad, salen de la sombra de nuestros pensamientos al sol de todos. Es la alegría de expresarnos, es el don inapreciable de la comunicación. Puedo recomendar muchos trabajos para este tema especial, por ejemplo: "La expresión de emociones en niños de 7 a 10 años de la escuela El Mirador de la ciudad de Popayan" y "Hacia un modelo integrado de comunicación".

Tal vez a la Biblia algo le faltó (lean una monografía cuyo tema puntual es el desarrollo histórico y literario de este libro sagrado: "La Biblia"). Quizá le faltó esta frase que escribió miles de años después Gabriel García Márquez: "El mundo era tan reciente que las cosas no tenían nombre y (...) había que señarlas con el dedo". ("Gabriel garcía Márquez. Cien años de soledad")

Pónganse en ese lugar de gente silenciosa, o que se expresaba con ruidos guturales y señalaba con el dedo una roca. Es un lugar no sólo triste para las detalladas mentalidades chismosas de las vecinas ("Los chismes y las personas chismosas"), sino también tristísimo para los narradores, poetas, psicoterapeutas ("La interpretación dentro del proceso terapéutico"), que no hubieran podido evolucionar por falta de tan útil herramienta como lo es el vocabulario. Y para que los amigos se encuentren, lloren y rían, y para que después del silencio los amantes dupliquen entre sí su placer relatándoselo (encontré un "Breve ensayo sobre el afecto, amor y amistad").

Aunque a mi entender no ha sido contestada todavía la pregunta sobre qué fue primero, el pensamiento o el lenguaje, es posible esforzarnos en dar una respuesta personal. Una monografía adecuada para pensar a partir de lo que nos informa del tema es "Módulo lectura. Construcción del pensamiento".

Lo que hay que enfatizar es que la educación artística de los niños no debe limitarse a música, pintura, danzas, con lo importantes y bellas que son estas artes. En el lenguaje mismo, que es la esencia de toda enseñanza, el arte entra como si se le abriera la puerta; las palabras desinhibidas aparecen en tropel, chocándose. Después, claro, hay que limarlas, matar algunas que sobran sin que nos tiemble la mano.

Pero después, primero hay que invitarlas. 

La invitación a las palabras y al desarrollo del vocabulario nunca es mejor recibida que mediante la invitación a jugar y crear con ellas.

Para algunos artesanos las palabras son un barro muy fácil de trabajar y convertir en formas expresivas o exquisitas, decorativas o de urgencia.
Otros necesitan mayor entrenamiento.

Pero por algo que no sé muy bien cómo explicar, los niños son poetas, cuentistas, ensayistas científicos.

Del mismo modo que admiraba Picasso (en "Picasso y el cubismo" encontrarán datos sobre su vida y una magnífica foto del pintor) a los dibujantes de la primera infancia, yo admiro lo que hacen con las palabras casi todos los niños; algunas veces y como al pasar, sin cobrarnos derechos de autor, nos regalan un gran verso, una gran frase.
Parecería que los ojos, cuando son nuevos, no sólo por una razón fisiológica ven más, sino que al no tener obstáculos mentales ven "puro": ven el color, la forma y la plasticidad de la palabra; rompen el molde como quien rompe un juguete y lo renuevan. "El cielo es un elástico para saltar", me dijo sabiamente una niñita.

 

sábado, 17 de septiembre de 2011

UNAMONOS…

A ESTA BELLA Y SENCILLA ORACION Y CADA UNO ICLUYAMOS NUESTRAS PETICIONES.......




PERO ANTES QUE NADA:




"GRACIAS SEÑOR POR TODAS LAS BENDICIONES QUE RECIBO DIA A DIA................................. Y GRACIAS POR VENIR A MI ENCUENTRO





"Jesús, por favor ayuda a los que no tienen trabajo, a los hambrientos, a los que no tienen donde vivir, y a todos los que sufren cualquier enfermedad, especialmente te pido por los que tienen miedo y sienten odio. Cuidanos, y ayudanos a cuidarnos unos a otros". AMEN




Una joven periodista…

que asistió a Madrid a la reciente Jornada Mundial de la Juventud me comentaba: -Yo fui como corresponsal a cubrir este evento internacional con gusto e interés. Pero al observar a miles y miles de jóvenes que realmente rezaban y se acercaban a Dios, en mi vida personal ocurrió también un saludable efecto, ¡fue como si asistiera a un curso de retiro espiritual! Mi conclusión ha sido que, a pesar de las dificultades y adversidades que cada cristiano tenga en su existencia, como dijo el Papa: "¡hay que permanecer firmes en la fe!".

 

Querien

 

SE UNA PERSONA FUERTE

 

Por: San Son


Una persona fuerte sabe cómo mantener su vida en orden. Aun cuando en sus ojos haya lagrimas, puede mantenerse firme para decir "Estoy bien" con una sonrisa. Envía este mensaje a una persona fuerte. Yo lo acabo de hacer. Dios es bueno. Un cambio se acerca. Dios vio tu tristeza y dijo, los tiempos difíciles se han acabado. Si tú crees en EL, Se honesto y envía este mensaje a todo aquel que te haya hecho sonreír este año.