sábado, 13 de noviembre de 2010

La apuesta de la Iglesia en el Bicentenario

 

Texto: Conferencia del Episcopado Mexicano

 

 

Todos los Obispos del país en comunión, a través de la Carta Pastoral titulada Conmemorar nuestra historia desde la fe, para comprometernos hoy con nuestra Patria, desean compartir con el Pueblo de México un ejercicio de discernimiento histórico de nuestra Nación, así como un mensaje de compromiso, fe y esperanza frente al futuro.

 

 Síntesis de la Carta Pastoral "Conmemorar nuestra historia desde la fe, para comprometernos hoy con nuestra Patria"

 

Todos los Obispos del país en comunión, a través de la Carta Pastoral titulada Conmemorar nuestra historia desde la fe, para comprometernos hoy con nuestra Patria, desean compartir con el Pueblo de México un ejercicio de discernimiento histórico de nuestra Nación, así como un mensaje de compromiso, fe y esperanza frente al futuro.

 

 

PARTE I: UNA MIRADA A LA PROPIA HISTORIA DESDE LA FE

 

En esta Primera Parte de la Carta Pastoral, la más larga de las tres que la componen, señalan que: "La gestación y el crecimiento de una nación es un proceso siempre prolongado y nunca totalmente acabado, con luces y sombras que hay que acoger con espíritu generoso y también agradecido hacia quienes contribuyeron a su realización" (No. 8).

 

(…) Los Obispos manifiestan por otra parte que "para acercarnos a la comprensión de la conciencia histórica de nuestra patria, debemos tener en cuenta que la fe católica ha sido un elemento presente y dinamizador en la construcción gradual de nuestra identidad como Nación" (No. 12). No sin antes recordar que "en nuestros pueblos, el Evangelio ha sido anunciado presentando a la Virgen María como su realización más alta.

 

Sin embargo, fue el Acontecimiento Guadalupano, el encuentro y diálogo de Santa María con el indígena Juan Diego, el que obtuvo un eco más profundo en el alma del pueblo naciente, cualitativamente nuevo, fruto de la Gracia que asume, purifica y planifica el devenir de la historia" (No. 11).

 

El desarrollo histórico de esta Primera Parte es muy rico, condensado y valioso. Inicia con un conjunto de reflexiones generales sobre estas dos gestas. De entre éstos, señalamos algunos subtítulos correspondientes a esta parte: Evangelización y Acontecimiento Guadalupano, La fe como elemento dinamizador, Catolicismo renovado y pensamiento ilustrado, Tres antecedentes de la Independencia, Post-independencia, Presencia del catolicismo social, Búsqueda de Justicia y democracia.

 

Posteriormente, desarrollan algunas particularidades que tienen que ver directamente con la participación de la Iglesia tanto en la Independencia como en la Revolución. Entre los temas que abordan de manera específica en el caso del primero, están: Reprobación del levantamiento, acusaciones y excomunión contra Miguel Hidalgo y José María Morelos, protagonismo de los laicos, Nación independiente e Iglesia libre, entre otros.

 

 Para la Revolución, entre los más importantes están: Despertar social católico, El Partido Católico y la "leyenda negra", Catolicismo social y liberalismo intransigente, el artículo 123 y la Rerum Novarum, entre otros. Entre los puntos que destacan sobre la reflexión que los Obispos hacen sobre la Independencia, pueden señalarse los siguientes:

 

a) La Iglesia novohispana se mantuvo siempre en comunión con la Sede Apostólica de Roma, aunque mediatizada por el Patronato regio, sobre todo en tiempo de las reformas borbónicas que exacerbaron la injerencia de la Corona en asuntos estrictamente eclesiásticos.

 

b) A mediados del siglo XVIII se produjo un sacudimiento político, religioso y social, motivado por la invasión de ideas y costumbres procedentes de la Revolución Francesa. Lo rescatable de este movimiento fueron los principios de la Declaración de los Derechos del Hombre. De estas corrientes de pensamiento se hará derivar el derecho a oponerse a toda opresión hasta lograr la liberación, resistiendo a la dependencia de la Corona española.

 

c) Ciertamente las reformas borbónicas incrementaron las cargas tributarias y la explotación; se adoptaron por otra parte medidas restrictivas a las prácticas religiosas sobre la ya menguada libertad de la Iglesia con el consiguiente aumento no sólo del descontento sino de la pobreza del pueblo. Entre tanto, el clamor contra el "mal gobierno" iba adquiriendo mayor resonancia, exacerbado por el caos producido por la deposición del monarca español, por la insensibilidad de los gobernantes y el despotismo reinante.

 

d) No fue fortuito el hecho de que el símbolo escogido por el movimiento libertario fuera el estandarte de Santa María de Guadalupe que, años más tarde, sería proclamada por Morelos como "La Patrona de Nuestra Libertad". Ciertamente, sin el ingrediente religioso, este movimiento o no se hubiera producido o habría tomado otro rumbo (No. 33).

 

e) La represión contra la Insurgencia continuó conculcando el derecho natural, el de gentes y el canónico. También continuaron los excesos de algunos insurrectos. Hubo víctimas inocentes por doquier. Proliferó el bandidaje y la lucha se volvió regional y persistente durante una década, lo cual muestra la profundidad de las heridas y lo grave de los males sociales. No es de extrañar que en este contexto numerosos clérigos y laicos clamaran por la paz, la reconciliación y el perdón.

 

f) En el proceso de consumación de la Independencia se ve disminuir notablemente el número de clérigos y se incrementa el protagonismo de los laicos católicos. Por lo demás, así lo exigía el mismo proceso de la lucha por la Independencia. La mayoría de los clérigos que participaron lo hicieron sobre todo en la consejería, la asesoría y el debate. La Iglesia participó en el homenaje de los caudillos insurgentes, recibiendo solemnemente los restos mortales de Miguel Hidalgo, de José María Morelos, y otros, en la Catedral Metropolitana de la Arquidiócesis de México (No. 42).

Con relación a la Revolución, los Obispos señalan que a finales del siglo XIX tuvo lugar un vigoroso renacimiento del catolicismo de impronta social, cuya expresión singular fueron las numerosas reuniones sociales, inspiradas en las enseñanzas del Papa León XIII, principalmente por la encíclica Rerum Novarum.

 

Como todo movimiento armado, la Revolución generó zozobra, sufrimientos y penas en el pueblo pobre, a quien se intentaba beneficiar. La guerra postrevolucionaria atrajo violencia singular y a la Iglesia Católica una persecución originada por la ideología liberal y atea de algunos que la impulsaron. El martirio sufrido por muchos cristianos permanecerá como testimonio de los acontecimientos.

 

Manifiestan que los católicos estuvieron presentes y participaron activamente en los inicios de la Revolución Mexicana de diversas maneras y en diversos grados, por ejemplo al lado de los movimientos y grupos sociales del momento: porfiristas, reyistas, maderistas, liberales y anarcosocialistas. Sin embargo, al sonar el llamado "campanazo político" al comienzo del siglo XX, su participación tuvo un mayor grado y significado (números 43 y 44).

 

A pesar de las hostilidades, manifiestan los Obispos, los católicos percibieron con razón el fruto de sus luchas en la redacción del artículo 123 de la Constitución, donde reconocieron la doctrina de la Rerum Novarum, que había sido su gran bandera a favor de la justicia social y de una patria mejor.

Para terminar esta parte de revisión histórica los obispos de México afirman que "con profunda gratitud, hemos contemplado la presencia de Jesucristo en la historia de nuestra Nación. Hemos valorado las acciones de muchos hombres y mujeres que con sus virtudes, e incluso sus defectos, han participado decididamente en la construcción y desarrollo de nuestra Patria, especialmente en los momentos más decisivos de la historia, como lo ha sido el Movimiento de Independencia y la Revolución Mexicana.

 

 

ARTE II: SERVIR A LA NACIÓN, COLABORANDO A CONSTRUIR UN PROYECTO CULTURAL DESDE LA FE

 

En esta Segunda Parte, que comprende treinta y ocho parágrafos, los obispos manifiestan que, en continuidad a los anteriores esfuerzos, e inspirados por las recientes enseñanzas del Papa Benedicto XVI, principalmente por su reciente encíclica social Caritas in veritate, y por la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe ("Aparecida"), ahora queremos proponer y ofrecer este nuevo esfuerzo, haciendo hincapié en el tipo de cultura que los discípulos de Jesús debemos fomentar para mostrar la vitalidad de la fe y para colaborar en la construcción de un proyecto nuevo al servicio de la Nación, en el momento actual.

 

Señalan que, antes de que la fe pueda reflejarse en la vida social, su itinerario natural exige pasar por el ámbito de la conciencia personal, de las convicciones, de los estilos de vida que lleven a una conversión, es decir a un "cambio de mentalidad" que transforme e impacte la propia vida y el entorno social. La cultura, indican es, "todo aquello con lo que el hombre afina y desarrolla sus innumerables cualidades espirituales y corporales".

 

La Nación Mexicana, afirman los obispos, es una realidad cultural que no puede ignorar que la fe en Jesucristo es una de sus más profundas raíces, que se manifiestan en buena parte en nuestro particular modo de ser como pueblo. No desconocemos, agregan, que en México existen otras raíces culturales u otras presencias sociales significativas que también contribuyeron a delinear el perfil de nuestro Pueblo.

 

Lo que deseamos señalar, es que el cristianismo, como experiencia presente, ha configurado y de hecho continúa configurando una parte importante de la vida personal y comunitaria de los mexicanos. Afirman por ello que: "La nación es una realidad socio-cultural anterior al Estado. Esto quiere decir que nuestra Patria no nace a partir del poder político y sus instituciones, sino que emerge gradualmente, a partir del siglo XVI, como una realidad mestiza a partir de los pueblos autóctonos que eran eminentemente religiosos, desde la nueva propuesta de los pueblos europeos y desde la experiencia cristiana.

 

La fe en Jesucristo logró que quienes se veían distantes y antagónicos, se reconocieran como hermanos. La fe en Jesucristo permitió encontrar puentes que nos acercaran y nos invitaran a privilegiar la reconciliación sobre el encono. La fe en Jesucristo ha colaborado a gestar un ambiente solidario entre los mexicanos, que hace que nuestra cultura posea un inmenso acervo de humanidad y calidez" (No. 65), todo ello gracias al Acontecimiento Guadalupano, que confirmó el mensaje dado por muchos grandes evangelizadores, y promovió entre otros el acercamiento al Verbo Eterno.

 

Estas consideraciones, nos dicen los Obispos, nos permiten comprender que la Nación Mexicana, entendida como una realidad cultural profunda, posee una soberanía anterior al Estado. De tal forma que acontecimientos históricos tan importantes, como la Independencia y la Revolución, deben ser interpretados en base a la continuidad del mismo pueblo que conforma esta Nación.

El sustrato cultural de este proyecto al servicio de la Nación, que debe construirse por todos los mexicanos, dicen los Obispos, debe "privilegiar tres características, desde las que se entreteje nuestra cultura: a) el anhelo humano legítimo que busca libertad y justicia, a partir de los reclamos que brotan de la naturaleza profunda de cada persona; b) una inspiración cristiana que anima a las personas a luchar en favor de la promoción humana individual y social con una perspectiva trascendente, y c) un diálogo plural con el conjunto de ideologías que no siempre coinciden con la propuesta cristiana, pero buscan también el desarrollo humano" (No. 67).

 

Vivimos, reconocen, en una sociedad plural. Por lo que la Iglesia Católica no pretende imponer un sólo modo de interpretar la realidad, sino que propone, con respeto a la libertad de cada persona, una cultura a favor de la vida y la dignidad de cada hombre y mujer que participa en la Nación Mexicana. También señalan que vivimos en un Cambio de Época en el que los grandes referentes de la cultura y de la vida cristiana están siendo cuestionados, afectando la valoración del hombre y su relación con Dios.

 

La mayor amenaza a nuestra cultura, afirman, está en querer eliminar toda referencia o relación con Dios. Algunos grupos identificados con un laicismo radical han buscado eliminar un horizonte trascendente de todo proyecto de futuro, provocando con ello un enorme vacío existencial, en tanto que no logran satisfacer los anhelos de realización y felicidad inscritos en lo más profundo del corazón humano:

 

Al abordar específicamente el tema de la libertad religiosa, señalan que se requiere de la vigencia completa del derecho humano a la libertad religiosa. Ésta la definen como el derecho de la persona que abraza no sólo a los creyentes sino aun a los no creyentes en su derecho a vivir con plena libertad las opciones que en conciencia se realizan sobre el significado y el sentido último de la vida.

 

El ejercicio de esta libertad incluye tanto la vida privada como la pública, el testimonio individual y la presencia asociada, con el único límite del respeto al derecho de terceros. Reconocen la necesaria separación entre el Estado y la Iglesia, lo que no implica desconocimiento o falta de colaboración entre ambas instituciones.

 

Al contrario, afirman que son particularmente conscientes, que el Estado y la Iglesia, cada uno a su modo, deben encontrar caminos de colaboración que les permitan servir a las personas y a las comunidades. Señalan también que este derecho no debe ser interpretado jamás como una búsqueda de privilegios por parte de ninguna confesión religiosa (Números 81 y 82).

 

 

 

PARTE III: PROTAGONISTAS TODOS, EN LA CONSTRUCCIÓN DE UN FUTURO CON ESPERANZA

 

En esta parte, los Obispos señalan que la Iglesia tiene el derecho de participar, a través de sus ministros y fieles laicos, según sus propias funciones y responsabilidades, en la construcción de la cultura de la vida, aportando lo que les es más propio, a partir de la cosmovisión del mundo y sobre todo de la concepción que del hombre tienen, que se caracteriza por su trascendencia, su dignidad inviolable y su realización eminentemente social:

 

"Es nuestra visión del hombre la que queremos ofrecer, en tanto que reconocemos que él es el medio, sujeto y fin de toda cultura, de toda actividad humana y dinámica social. Posee derechos que emanan de su propia naturaleza, que siempre se le deben respetar. El cristianismo, además, adiciona aspectos que presuponen la fe. La dignidad del hombre para nosotros no sólo se deriva de su naturaleza, sino de su calidad de hijo de Dios, así como de haber sido redimido por Cristo y llamado a la felicidad eterna" (No. 100).

 

Señalan que la cultura moderna, sin negar todos los beneficios que de ella tenemos, se ha caracterizado principalmente por un deseo desmedido de autonomía del hombre, lejos de referencia trascendente alguna.

 

Hoy, dicen: "presenciamos manifestaciones culturales que hunden sus raíces en la crisis del sujeto que es cada vez más egocéntrico, contradictorio consigo mismo en tanto que busca afirmar 'sus propios derechos', rechazando todo elemento objetivo. La verdad en este contexto cultural tiene una connotación negativa, asociada con conceptos tales como dogmatismo, intolerancia o imposición" (No. 104).

 

Los obispos dicen estar convencidos de que "el hombre debe reconocerse creado y partícipe de una realidad mucho más amplia que una visión individualista, relativista y egocéntrica. Por ello, no puede pretender regir su vida sin dar cuenta, objetivamente, de sus razones y de su comportamiento. La superación de una visión fragmentada de la realidad, apoyada en un relativismo con que interpreta su propia naturaleza, sólo puede ser lograda a la luz de la razón humana llamada a conocer la verdad, y a la luz de la Revelación Divina que se manifiesta al corazón humano como plenitud del amor en Jesucristo" (No. 105).

 

Nuestra conciencia, afirman, "debe mantenerse sensible frente a los nuevos rostros de pobreza y a los rezagos históricos de nuestro País. Dentro de los nuevos rostros de pobreza, nos afligen y preocupan sobre todo los millones de migrantes que no han encontrado las oportunidades para una vida mejor y se ven obligados a dejar lo más propio, una familia, un pueblo, o incluso la Patria que los vio nacer.

 

Los desempleados, víctimas de la economía utilitarista; los campesinos desplazados por no pertenecer al mundo de la tecnología y del mercado global, y los indígenas, que siguen siendo los grandes excluidos del progreso y objeto de múltiples discriminaciones. Los niños en condición de calle en las ciudades y la situación de muchos jóvenes y adolescentes que desde su temprana edad son reclutados por el crimen organizado para participar en actividades ilícitas, sembrando en ellos gérmenes de maldad" (No. 112).

 

Señalan que, los ideales de libertad, justicia e igualdad, por los que lucharon nuestros compatriotas en la Independencia y la Revolución Mexicana, nos siguen interpelando hoy con mayor fuerza. "Somos una sociedad marcada por graves y escandalosas desigualdades sociales y por nuevos rostros de violencia criminal que impiden nuestra reconciliación" (No. 114). Solamente bajo la lógica de la justicia, la caridad y la verdad, concluyen, seremos capaces de colaborar en la construcción de una sociedad solidaria y fraterna.

 

Ante esta realidad que nos apremia en el tiempo presente, los Obispos proponen a todos los sectores que conforman la sociedad, asumir tres prioridades fundamentales en el camino de nuestro desarrollo como Nación:

 

a) Queremos un México en el que todos sus habitantes tengan acceso equitativo a los bienes de la tierra. Un México en el que se promueva la superación y crecimiento de todos en la justicia y la solidaridad; por lo que necesitamos entrar decididamente en un combate frontal a la pobreza.

 

b) Queremos un México que crezca en su cultura y preparación con una mayor conciencia de su dignidad y mejores elementos para su desarrollo, con una educación integral y de calidad para todos.

 

c) Queremos un México que viva reconciliado, alcanzando una mayor armonía e integración en sus distintos componentes sociales y con sus diferentes orientaciones políticas, pero unificado en el bien común y en el respeto de unos y otros.

 

 

CONCLUSIÓN: UNA MIRADA DE ESPERANZA

 

Los Obispos señalan finalmente en las conclusiones que su mirada hacia el futuro está llena de esperanza porque somos un pueblo con una gran riqueza humana y cristiana. Nuestras raíces, nuestra historia y nuestra cultura nos piden estar a la altura de nuestros antepasados. A los creyentes, por otro lado, les recuerdan los Obispos que nuestra esperanza está fincada, más allá de nuestras posibilidades humanas, en sí mismas valiosas, en la firme voluntad divina, manifestada en Jesucristo, de conducir la historia de la humanidad hacia la plenitud de la vida y la salvación. Nuestra esperanza, afirman, es sobre todo, esperanza en Dios (números 136 y 137).

 

Confiados en el valor de la oración exhortan a dar gracias a Dios por todos los beneficios que ha recibido nuestra patria, a pedir perdón por las infidelidades de sus miembros, a hacer sufragios por los que murieron en luchas sangrientas, así como pedir la gracia y creatividad en la caridad necesarias para impulsar junto con todos los mexicanos, un verdadero desarrollo para nuestro país. Finalmente invitan a unirse en plegaria con la oración que la Santa Madre Iglesia nos propone, en la Solemnidad de nuestra Señora de Guadalupe, "Patrona de nuestra Libertad" (No. 140).

 

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Jesús perdona siempre


Al perdonar ponemos la medida del perdón, pues con la medida que midamos se nos medirá.


Por: Querien Vangal

Noviembre / 2010

 


Aldo Moro era amigo de Pablo VI. Cuando las Brigadas Rojas secuestraron a Aldo, Pablo VI se ofreció como rehén para que liberasen a su amigo; pero Aldo fue asesinado. Las cuatro hijas de Aldo fueron a la cárcel en las Navidades siguientes, a llevar unos regalos y perdonar a los asesinos de su padre. Ante la pregunta de los periodistas qué es lo que hacían con este gesto una de ellas respondió: "lo hemos aprendido de Jesús".


Jesús dio la vida por todos, inclusive por sus enemigos. En él tenían cabida todos los seres humanos, en especial los más despreciados. El no vino a llamar a los justos, sino a los pecadores y no pedía sacrificios, sino misericordia (Mt 9,13). Jesús practicaba y enseñaba a otros a practicar la lección más difícil: pasar haciendo el bien y perdonar y a Pedro le manda que perdone siempre (Mt 18,21). La reconciliación perfecta la hizo Jesús, él es el único mediador entre Dios y los seres humanos (1Tm 2,5). Él murió por todos, para que ya no vivan para sí los que viven, sino para aquel que murió y resucitó por ellos, a quien no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros (2Co 5,14-21). Cristo nos ha reconciliado con Dios "por medio de la cruz, destruyendo en sí mismo la enemistad…; por él tenemos acceso al Padre en un mismo espíritu" (Ef 2,14-18).


Jesús excusa y perdona a sus enemigos y así se lo pide al Padre: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lc 23,34). Hasta ese punto llegó el perdón de Jesús. Jesús no se dejó vencer por el mal, sino que venció al mal con el bien (Rm 12,21). Dice san Juan Crisóstomo: "En las guerras se considera vencido al que cae. Pero entre nosotros la victoria consiste en eso mismo. Nunca vencemos cuando nos portamos mal, sino cuando soportamos el mal con paciencia. La victoria más bella consiste en vencer con nuestra paciencia a los que nos hacen daño". Jesús no fue enviado por su Padre como juez, sino como salvador (Jn 3,17); él nos revela que Dios es un Padre que tiene su gozo en perdonar (Lc 15) y cuya voluntad es que nada se pierda (Mt 18,12).


Jesús no sólo anuncia este perdón, sino que además lo ejerce y testimonia con sus obras que dispone de este poder reservado a Dios (Mc 2, 5-11). Jesús nos manda amar a los enemigos, hacer el bien a los que nos odian, bendecir a los que nos maldicen (Lc 6, 27-35). Al perdonar ponemos la medida del perdón, pues con la medida que midamos se nos medirá (Lc 6,36-38).


Jesús tenía entrañas de misericordia y sus seguidores, al mismo tiempo que se sienten atraídos por él, tienen que comprender que la misericordia "es la única realidad que puede resumir e iluminar decisivamente todos los demás aspectos del mensaje cristiano" (B. Bro). Cuando Jesús se relaciona con el ser humano, especialmente con los necesitados y pecadores siente profundamente la misericordia. Los evangelios nos hablan de distintos momentos en que se le conmovieron las entrañas. Como ante el féretro del joven muerto en Naím o ante los ciegos de Jericó. La misma expresión es utilizada por él en el relato de la parábola del buen samaritano y del hijo pródigo.


Jesús sentía compasión cuando veía a las multitudes vejadas y abatidas, como ovejas sin pastor (Mt 9,36); cuando veía a los ciegos, a los paralíticos y a los sordomudos que de todas partes acudían a él, (Mt 14,14); cuando se daba cuenta de que las personas que le habían seguido durante días estaban fatigadas y hambrientas (Mc 8,2). Hay parábolas en las que habla del perdón. Un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús entró en su casa y se sentó a la mesa. Una mujer, que era pecadora en la ciudad, cuando supo que estaba a la mesa en casa del fariseo, llevó un vaso de alabastro lleno de perfume y comenzó a bañarlos con lágrimas y a limpiarlos con sus cabellos; le cubrió de besos los pies y se los ungió con el perfume… Como esta mujer amó mucho, se le perdonaron todos sus pecados (Lc 7,36-47). La parábola del deudor inexorable inculca con fuerza esta verdad (Mt 18,23-35), en la que insiste Cristo (Mt 6,4) y que nos impide olvidar haciéndonosla repetir cada día en el padrenuestro.


Jesús presenta la misericordia fraterna como una buena disposición previa al perdón de Dios. Es necesario perdonar para que también vuestro Padre celestial os perdone vuestras culpas (Mc 11,25). El perdón fraterno aparece aquí como condición esencial previa para obtener el perdón de Dios. Lucas va mucho más lejos, parece dar por supuesto que cuando pedimos perdón al Señor hemos perdonado previamente a todos. Así decimos al Padre que perdone nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a todo el que nos ofende (Lc 11,4). Realmente somos nosotros los que al perdonar ponemos la medida del perdón, pues con la misma medida que midamos, se nos medirá (Lc 6,36-38). Y hay que usar una buena medida para excusar los pecados de cada día, esos que van carcomiendo toda clase de amor. Éste muere, a menudo, por las continuas desatenciones, olvidos, genio, egoísmo.


San Pablo presenta el perdón como una consecuencia del perdón divino e invita a perdonar, (Col 3,13), a ser benignos y misericordiosos (Ef 4,32) y a que la puesta del sol no sorprenda en el enojo (Ef 4,26).


Pedro pone como norma de conducta el no devolver mal por mal ni insulto por insulto; antes, al contrario, manda bendecir y amar siempre (1P 3,8-9).


La reconciliación depende de cada persona, cada uno es libre para aceptarla o rehusarla (Mc 4,1-9); pero la reconciliación es, sobre todo, obra de Dios, él es el que realiza su obra, ensalza a los humildes y rebaja los soberbios (Lc 1,52-53). Quien perdona deja las ofensas atrás, apunta hacia nuevos horizontes, soslaya lo sucedido y propone una nueva relación,



jueves, 11 de noviembre de 2010

La templanza y la fortaleza

 

Por: Querien Vangal

Noviembre / 2010


La templanza


La templanza es una de las cuatro virtudes cardinales. "Una virtud sobrenatural que modera la inclinación a los placeres sensibles, especialmente del tacto y del gusto, conteniéndola dentro de los límites de la razón iluminada por la fe". (1)


Dicho de otra manera, consiste en moderar los apetitos y el uso excesivo de los sentidos sujetándolos a la razón.


Nos conduce a evitar toda clase de excesos ya sea en la comida, en la bebida, en el tabaco, en los medicamentos, en nuestras reacciones ante las contrariedades, en la sexualidad o aún en el descanso. Este dominio de sí interior se reflejará en nuestra reacción ante los embates de la vida y en el uso y posesión de las cosas con calma y serenidad. Nos lleva a prescindir de lo innecesario.

Por medio de la templanza yo me mantengo firme y sereno. Todo lo que está dentro de límites se serena, transmite seguridad. Un jardín cercado es uno de los lugares más tranquilos y descansado en el mundo. De igual modo, si el alma del hombre se conserva dentro de ciertos límites, adquiere seguridad de saber que es lo que puede y lo que no y cuál es el lugar que realmente le pertenece. La templanza nos lleva a permanecer sin alterarnos ante las rigurosidades del clima, del frío, del calor, de la sed, hasta del hambre. Si me despojan por ej: de la fama por una calumnia, haré lo que esté a mi alcance para defenderla, pero mi reacción será racional y objetiva y no emocional ni descontrolada. Deberíamos poder comer todos los días, pero si un día no pude almorzar porque tuve que terminar un trabajo o dedicarle un tiempo extra a una persona que me necesitaba, no debiera alterarme por ello. En todos los órdenes, la templanza nos lleva a la moderación, a la mesura, al dominio de sí y a la sobriedad.



"Templanza es señorío" decía San José María Escriba de Balaguer y a continuación: "No todo lo que experimentamos en el cuerpo y en el alma ha de resolverse a rienda suelta. No todo lo que se puede hacer se debe hacer". Algunos no desean negar nada al estómago, a los ojos, a las manos; se niegan a escuchar a quien aconseje vivir una vida limpia... La templanza no supone limitación sino grandeza, pues cría el alma sobria, modesta, comprensiva: le facilita un natural dominio que es siempre atractivo, porque se nota en la conducta el señorío de la inteligencia. Hay mucha más privación en la destemplanza, en la que el hombre abdica de sí mismo". (2)


Abdicar de sí mismo es renunciar a ser hombre. Renunciar a ser aquello para lo cual fui hecho, pensado y creado por Dios. La condición humana es la de ser inteligente (que puedo hacer un juicio correcto mediante la inteligencia) y libre (que puedo elegir entre lo bueno y lo malo y por ello hacerme responsable de lo que elijo). Mi propia naturaleza me exige actos acordes a los que no puedo renunciar. Soy creado por Dios un ser racional no puedo "elegir" ser "racional".


El error siempre primero es intelectual. Si pensamos o juzgamos mal, actuaremos en consecuencia y pondremos la voluntad en un camino equivocado. El intelecto entonces lo usaremos para justificar nuestras acciones equivocadas. Debería ser al revés. La conciencia bien formada debe utilizar la inteligencia para discernir lo verdadero y lo bueno y poner la voluntad en orden a conseguirlo. De ahí que el juicio correcto sea el objetivo, el que está fuera de nosotros. Dios y Su ley nos dicen que es lo bueno para la persona. Nuestra inteligencia fue creada para discernirlo. Y nuestra voluntad para llegar a poner los medios para lograrlo, aún en contra de nuestros sentidos que, a veces nos pedirán lo contrario. ¿Cómo se educa en la templanza para que el hombre tenga el señorío y el temple propio de quien gobierna sus acciones? Un hombre que sea dueño y señor de su comportamiento, que tenga dominio de sí? ¿Cómo se educa para que el hombre no abdique de sí mismo, es decir, que no renuncie voluntariamente a comportarse como quien es, un hijo de Dios con un alma inmortal dentro de sí? Habrá que ir poniendo las bases desde la infancia para aprender a vivir sujetando nuestro accionar a la razón, en detalles aparentemente pequeños pero que, si no se educan y se corrigen, permitirán desórdenes con el correr de los años en todos los ámbitos.


Deberíamos ser enseñados, porque tenemos derecho a que se nos enseñe. Que se nos enseñe desde pequeños a que no se puede comer ni todos los caramelos que tengamos a la vista (porque nos harán mal) ni antes de almorzar (porque nos quitará el apetito) ni cuando mamá tenga el dinero solamente para comprar los alimentos básicos y no los superfluos.


Aunque no parezca, si aprendemos a controlarnos y negarnos pequeños placeres, haciendo renunciamientos desde niños, podremos adquirir el control de nosotros mismos al llegar a la edad adulta. Por eso hay que enseñar desde la niñez a distinguir los caprichos, los antojos o los gustos, de las cosas verdaderamente necesarias. Se trata de educar a la persona desde pequeña mostrándole lo que es bueno para ella y lo que realmente necesita y de todo aquello que pueda prescindir. De inculcar la serena aceptación ante las contrariedades y diferenciarlas de las que podemos o debemos prescindir. Por ej: un par de zapatillas que no necesitamos (aunque se usen a rabiar) el tiempo indefinido de la luz prendida en la habitación al irnos a dormir, un reloj de marca, un tercer celular nuevo o un segundo equipo de música. El controlarme ante estos apetitos desordenados, (aparentemente pequeños), es lo que me llevará más tarde a poder dominarme ante otros de mayores consecuencias (como puede ser una relación sexual prematrimonial o mucho más grave, una extra matrimonial). Para defender años más tarde valores importantes como la virginidad, la castidad o la fidelidad, tendremos que haber aprendido mucho antes a negarnos un caramelo o varios.


Esta costumbre (copiada de países como Estados Unidos e impuesta a rajatabla por la televisión) de comer todo el día, a toda hora y en cualquier lugar, (ya sea en la calle, por los pasillos del colegio, en el cine, en el auto, o mientras atendemos en un despacho de cualquier institución), es una manifestación de falta de dominio absoluto, de señorío, de saber esperar a hacer lo apropiado en el lugar que corresponde. Comer para vivir es bueno y necesario. Compartir la comida como una oportunidad para dialogar y comunicarse con los demás, para hablar de nuestra jornada, escuchar lo que ha pasado con la ajena y colaborar con nuestros consejos y experiencias es una costumbre cristiana. Invitar a nuestros amigos a nuestra mesa es además un signo de hospitalidad. Ahora, vivir para comer y además comer solo por la calle, por el pasillo de la universidad, en todo momento y cuando tengo "ganas", no sólo es un comportamiento vulgar y ordinario sino que es un atentado a la salud que no cumple con ninguno de los objetivos de nuestra cultura cristiana enunciados anteriormente.


Tampoco se les debe dar a los niños y jóvenes de todo (aunque materialmente se pueda) porque educar en la templanza y en el autodominio no es un problema de poder o no poder económicamente. Se trata de negarse de lo superfluo, de dominarse, de acostumbrarse a vivir con lo esencial.


Lo que está en juego es la formación de la persona. que deberá manejarse a través de la vida como quien es: un hijo de Dios consciente que las cosas y los placeres serán para él, si no los domina, como el agua salada, cuanto más se toman, mas sed producen. Erraremos el camino buscando en las cosas materiales y en los placeres desordenados saciar esa sed de Dios que tiene nuestra alma inmortal. San Agustín, siglo IV, entendió muy bien la clave de este problema con aquella célebre frase: "Señor, nos has hecho para Ti, y nuestro corazón estará siempre inquieto hasta que descanse en Ti"...


Educar la voluntad constituye la educación de las educaciones. Es un camino que nos exige fortaleza para ir venciendo cada una de las contrariedades con la que nos encontramos a través de la vida. Nos quejamos de lo exigentes que son los niños y los jóvenes con el tema de las cosas de marca. Es verdad, tanto a los chicos como a los adultos la revolución anticristiana nos bombardea con propagandas comerciales para que el hábito de consumir nos gane desde la infancia. Pero los primeros que caemos muchas veces en la trampa no son tanto los chicos como nosotros los padres y educadores. Lo mismo deberíamos hacer en el tema de las comidas, de las chucherías, de los antojos, de los programas, de las diversiones, del uso del teléfono (aunque podamos pagarlo) del tiempo (del cual habremos de rendir cuentas segundo a segundo) de la pequeña mortificación y señal de respeto que significa el esperar que un adulto termine de hablar sin interrumpirlo y del ejercicio de paciencia que necesitamos para esperar a que se sirva el resto en la mesa para empezar a comer, etc.


Los hijos aprenden mucho observando a los padres y a los adultos que los rodean, ya que hemos dicho que todos los adultos forman o deforman. Los niños observan si los adultos piensan antes de comprar algo, si son capaces de privarse de las cosas por más que puedan comprarlas (como un tapado de más o un auto último modelo). Si alguna vez ceden o no a sus caprichos personales. Si apagan las luces cuando se retiran del cuarto, si cuando compran exigen coherencia entre calidad y precio o pagan por cualquier cosa. Si beben y comen en exceso, si hablan horas interminables de estupideces por teléfono, si se pasan el día tirados mirando videos sin hacer nada útil. Si son incapaces de esperar hasta el horario de las comidas para comer o si picotean todo día. Si se compran todas las revistas de los quioscos, etc. Si cuidan y aprovechan bien de lo que tienen, si lavan con cuidado la ropa para que no se estropee y dure, si controlan los gastos y administran bien el dinero y la comida o gastan y dilapidan irresponsablemente. Si por ejemplo: para no tener que cocinar habitualmente compran comida hecha, si además la compran en exceso para después tirar la mitad (o porque se enfrió en el camino, o porque no saben aprovechar lo que quedó poniéndolo en el freezer).


Este despilfarro se agrava ante la falta de conciencia de que tantos millones se mueren de hambre. En la cultura cristiana el principio que transmitía el respeto reverencial a la comida era: "el pan es sagrado" y por lo tanto "la comida no se tira". De ahí que, a través de los siglos, la buena administración del hogar y especialmente en los alimentos era motivo de orgullo. Si sobraba comida uno debía tomarse el trabajo de que se aprovechara, de que lo aprovechara alguien. Pero no se tiraba por consideración a aquellos millones que no tienen que comer. Era un reconocimiento que si bien uno no podía solucionar el hambre del mundo, tenía presente (en la mente y en el corazón) a esos millones y respetaba a quienes no tenían que comer. Y con lo que sobraba en el hogar o se guardaba, o se podía solucionar las necesidades de algún "prójimo". El desperdiciar la comida, el no valorarla, el no saber optimizar los elementos que tenemos, no es cristiano. Clama al cielo.


Hay que sentir la experiencia de que se puede vivir bien con pocas cosas, para después moverse con verdadera libertad, aún en la abundancia cuando la haya. La templanza nos permitirá manejar nosotros desde adentro el timón de nuestras vidas y no ser manejados desde afuera.


Notas:
(1) "Teología de la perfección cristiana". Rvdo. P. Royo Marín. Editorial BAC. Pág 603.

(2) "Educar la conciencia" Colección de "Hacer familia" educar en valores. José Luis Aberasturi y Martínez. Ediciones Palabra. Pàg.167.



La fortaleza


La fortaleza es la "virtud cardinal infundida con la gracia Santificante que enardece el apetito irascible y la voluntad para que no desistan de conseguir el bien arduo o difícil ni siquiera por el máximo peligro de la vida corporal". (1)


Es la "disposición para realizar el bien, a costa de cualquier sacrificio y venciendo todas las dificultades".

Dicho en otras palabras, la fortaleza "es una virtud sobrenatural que da fuerzas al alma para correr tras el bien difícil, sin detenerse por el miedo ni siquiera por el temor de la muerte".


Los actos de la fortaleza son dos: emprender cosas arduas y soportarlas. Emprender es acometer, tomar el camino del bien para vencer, intentarlo, y tener la valentía para encararlo. Y soportar es tener a su vez la fuerza y la paciencia para resistir, tolerar y sobrellevar todas las dificultades y los sufrimientos, aunque sea la muerte.


La sociedad moderna está tan intoxicada moralmente y nos contraría tanto el sentido común que el obrar diariamente según la virtud se ha vuelto una empresa heroica. Hoy hacen falta virtudes heroicas para resistir a la propuesta general que nos impone la revolución anticristiana desde los medios de comunicación, los colegios, las universidades y las expresiones culturales de todo tipo.


Para educar en la fortaleza a los jóvenes habrá que insistir en inculcarles desde la infancia infinidad de actos pequeños. Habrá que escuchar llorar a la niña en vez de comprarle la décima muñeca que acaba de salir (aunque sea más fácil para nosotros comprársela) pero mucho más formativo y provechoso para ella quedarse sin ella. Habrá que negarse a cebarlo con caramelos para que se quede tranquilo y no grite, habrá que dejarlo a la hora de dormir en su dormitorio con las luces apagadas y no con toda una batería de luces para que no tenga miedo, habrá que enseñarles a comer lo que tienen delante y de todo y no "elegir" sólo lo que les gusta, etc.


Estos pequeños renunciamientos, de los cuales la vida cotidiana está llena, ordenan toda la vida de un niño y lo preparan para pruebas mayores que tal vez los esperen y habrá que poder superarlos virilmente. Ese era el sentido de la famosa frase que se decía antaño a los varones desde pequeños "los hombres no lloran"... En realidad los hombres pueden y deben llorar legítimamente sus tristezas cuando la causa lo valga. Tiene derecho a hacerlo. Lo que se trataba de transmitirles con estas palabras era un mensaje de fortaleza. De darles ánimo para desarrollar esa capacidad de mantener el dominio de sí frente a la adversidad, por su natural función de protector a la que el varón está llamado.


Como cabeza de familia a futuro, el varón deberá tener desarrollado el ejercicio de la fortaleza, para permanecer fuerte y transmitir seguridad a su alrededor. De saber sacar de circulación las grandes preocupaciones para resguardar la tranquilidad del ambiente familiar tan necesario para que los niños crezcan felices. Todos los niños deberían poder sentir esa maravillosa experiencia de la infancia que es cuando uno siente que su padre es el hombre más poderoso de la tierra...Y para esto hay que ser fuertes. La vida presenta muchos embates. Y quienes están llamados a estar al frente de (ya sea de una familia, de una comunidad religiosa, de una institución o de un país) tendrán que estar preparados para enfrentarlos. Y la fortaleza no se improvisa en la vida adulta, se debe ejercitar desde la niñez.


Pensemos en actos sencillos como:

 

Ofrecer y llevar nuestras penas y sufrimientos diarios en silencio y hasta con una sonrisa (resistiendo la tentación de hacernos las víctimas continuamente y ante todo el mundo).
No quejarnos por todo, por el frío, el calor, la humedad, los ruidos, la temperatura del agua, porque la ensalada tiene rabanitos y no nos gustan, por cada pequeña incomodidad.
Dominar el sueño, el cansancio, la rotura del auto, las inclemencias del tiempo (que contradicen nuestros planes).


Controlar nuestras ganas de reaccionar ante todos los comentarios vanos y superficiales que nos toca soportar (producto muchas veces de las limitaciones del prójimo).
Aceptar la llegada de una vida nueva (aún dentro del matrimonio bien constituido) en una sociedad que la condena.


Para después pasar a otros ya no tan sencillos como:


Saber guardar un secreto o confidencia sin sentir la necesidad imperiosa de levantar el teléfono y contárselo a todos. Muchas veces la vida nos presentará situaciones en las cuales deberemos guardar confidencias que nos habrán hecho corazones desbordados (pero que confiaron en nosotros) que debiéramos saber llevar hasta la tumba. Como: un tercer hijo que no es hijo de su aparente padre sino de un amante de su madre, una homosexualidad que no es conocida públicamente, una violación que ha sufrido una persona pero que quiere conservar como su secreto, etc. Ser capaces de romper una relación o noviazgo cuando no conviene o sabemos que no funciona y saber mantenernos firmes, con dignidad, sin llamar desbordados todos los días por teléfono o mandar docenas de mensajitos por el celular...


Conservar y defender la virginidad como Dios nos manda aunque la propuesta general sea de mofa y burla ante nuestros valores cristianos. Aceptar las contrariedades y lo que pueda ocurrirnos con fortaleza porque puede resultar una cruz muy pesada a través de toda la vida como: tener una mujer que resultó ser una haragana y no se hace cargo del hogar, que no sabe administrarlo y malgasta el sueldo de su marido. Una madre que descuida enormemente la educación de sus hijos y que obliga al padre a un doble esfuerzo (a hacer de padre y madre) durante años. Un marido que no se hace cargo de la responsabilidad de sostener su hogar, que tira el dinero en el juego o en sus gustos y caprichos desprotegiendo y rifando la seguridad de los suyos generando una enorme inestabilidad, etc. Un jefe con dinero pero indigno e incapaz que da órdenes caprichosas y humillantes pero que debemos soportar para llevar el sustento a nuestro hogar. Un superior de una comunidad religiosa a quien cuesta respetar por su conducta indebida pero que el voto de obediencia nos lo exige, etc.


Todas estas situaciones van surgiendo en las vidas de las personas. De ahí que debamos educar en el esfuerzo, en los proyectos que deben defenderse y llevarse a cabo (no los que se abandona en el camino) y estimular a los jóvenes a proponerse metas pequeñas pero reales que, aunque les cueste, valdrán la pena. Toda meta debe ser proporcionada para que sea atractiva, (como levantarse cuando suene el despertador, bañarse aunque el agua no esté lo caliente que quisiéramos, comer la comida aunque le falte sal) pero saber que nada valioso se consigue sin una enorme cuota de esfuerzo y superación personal, y que comienza desde el ejercicio de lo pequeño.


Por el contrario, "malcriar" es, como la palabra indica, criar mal. Es no limitar los deseos, es dar la impresión a un ser desde la infancia, de que todo le está permitido y a nada está obligado. La persona que crece en este desorden ni se fortalece ni adquiere la experiencia de sus propios límites.


Presionando desde la adolescencia sólo sobre sus derechos y no tomando en cuenta sus obligaciones (y mucho menos los derechos del prójimo) llega a creer que sólo él existe, y se acostumbra a no obedecer ni someterse a los demás, a no considerar a nadie como superior, con más jerarquía y autoridad. Si criamos mal, consintiendo en los caprichos, estaremos cercando a la persona en sí misma y construyendo futuros monstruos de egoísmo.


"La supresión de las obligaciones y de las contradicciones exteriores entrega al hombre a la tiranía de lo que hay de menos humano en él: sus apetitos inferiores, sus caprichos y, lo que es peor aún, su repugnancia al esfuerzo, que le sumen en un estado de indiferencia y de aburrimiento". (2) Recordemos que la felicidad es una puerta que se abre hacia fuera, hacia los demás. Leamos con voluntad de comprender este profundísimo texto que nos describe hasta qué punto es necesaria la fortaleza para prepararse a poder permanecer de pie como personas ante los embates de la vida.


...El cristiano necesita fortaleza. Jesús no lo disimula ni nos engaña y sentencia: "el que quiera ser mi discípulo que tome su cruz y que me siga". Jesús te invita a que le sigas por el camino del Calvario; y allá en la cumbre, junto a la cruz suya, te enseñará la tuya también. Los mandamientos son cruz. El matrimonio es cruz. La vida religiosa es cruz. El cumplimiento del deber, sea cual sea, es cruz. Toda la vida cristiana vivida según Dios es cruz y es martirio.


Y la perfección cristiana una cruz incomparablemente mayor. Para emprender el camino, para no desfallecer en él hasta la muerte, hace falta mucha fortaleza. Para escalar las cumbres de la santidad, la fortaleza tiene que ser heroica. Si quieres vivir cristianamente tendrás que vencer grandes dificultades. Las pasiones que se rebelan contra la ley de Dios. El demonio que dará asaltos furibundos. El respeto humano que hay que pisotear muchas veces: las burlas de las personas mundanas, el temor de desagradar a los amigos. La perfidia de los enemigos. Las molestias de los indiferentes. De cuando en cuando, una tormenta inesperada, que sacude el árbol, como si quisiera arrancarle de raíz.


Tienes que ser fuerte como el cedro del Líbano. Para eso te da Jesucristo la virtud de la fortaleza. El cedro es símbolo de la fortaleza por su resistencia a la acción demoledora del tiempo y a la violencia de los huracanes. ¿Cuál es la causa de esa fortaleza?


Resiste a la acción del tiempo porque su madera es incorruptible. Por esta cualidad del cedro, las joyas y los objetos preciosos se guardan en cajas de cedro, las estatuas se hacen con madera de cedro; el que quiera asegurar una existencia larga a un objeto lo fabricará con madera de cedro. Por todos los vasos de esa madera corre un óleo precioso que preserva de la caries y la polilla. Acaso es también fuerte el cedro porque sus hojas respiran el aire puro de las montañas y sus raíces beben el agua pura de la nieve que le rodea.


Se dice que la pureza es fuente de fortaleza. La Virgen fue la más fuerte porque fue la más pura. Exenta de todo pecado. Por sus venas corría sangre pura sin ardores de concupiscencia. En el Monte Calvario, durante la tormenta desencadenada por los pecados de los hombres, junto a la cruz de Jesús estaba su Madre, Reina de las vírgenes, y un solo discípulo, Juan, el discípulo virgen también... Cuanto más puras son las personas más fuertes son para soportar las penas del alma y los dolores del cuerpo... La fortaleza del cedro para resistir los vendavales y las tormentas, proviene también de sus raíces. Las raíces del cedro penetran profundamente en las entrañas de la tierra y se agarran como brazos de acero a la roca viva. Los vientos las sacuden, pero no le arrancan. Esas raíces profundísimas absorben el jugo de la tierra y con él alimentan y robustecen las vigorosas ramas para que ellas también resistan la furia de los vendavales.


Ahí está el secreto de la fortaleza de la Virgen... las raíces profundas de su fe... ¡Qué pocos cedros hay entre los hombres! Abundan más las cañas superficiales y quebradizas. La razón es porque no hay convicciones arraigadas en las almas. Los motivos de orden natural que son estímulos para obrar bien, qué fácilmente se resquebrajan: la dignidad humana, el buen nombre de la familia... Pero las raíces consistentes son los motivos sobrenaturales. El temor del castigo divino. La esperanza de un premio eterno... El amor agradecido a Jesucristo. Estas son las raíces profundas que sostienen al alma cuando la tormenta la sacude y el sufrimiento la ahoga. Pero estas raíces tienen que alimentarse con la meditación honda y constante de las verdades sobrenaturales.


La vida se va haciendo cada vez más superficial. Se vive de impresiones, no se vive de convicciones; y las impresiones son inestables. Cuanto más se fomenta la vida de los sentidos, menos abundan las almas de vida interior. Hay pocas personas que mediten; por eso hay pocos cedros robustos y muchas cañas que se quiebran con un viento ligero." (3)


El acto mayor visible de la virtud de la fortaleza es el martirio por nuestra fe, de los cuales la historia de la Iglesia está plagada de ejemplos. Para citar solamente uno lo citaremos a Santo Tomás Moro, Canciller de Inglaterra y gran amigo del rey Enrique VIII. "El rey quería conseguir legalmente del Papa Clemente VII, débil y vacilante, la anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón, bajo pretexto religioso. La causa verdadera era la pasión hacia Ana Bolena, ambiciosa, carnal, y sin escrúpulos. Para ello Enrique mueve todos los peones: compra teólogos y canonistas, y consigue, con la ayuda de su secretario, Tomás Cromwell, que se dobleguen a sus deseos los obispos y el clero de Inglaterra que firman un documento de sumisión. Ante tanta intriga y cobardía, Moro renuncia a su cargo, entregando el Gran Sello, en 1532. El nuevo Arzobispo de Canterbury, Cranmer, declara por su cuenta nulo el matrimonio con Catalina y se celebra en Westminster la boda con Ana Bolena, encinta ya. Moro no asiste. Ante tanta cobardía se yergue la suave y viril energía de Moro, que sigue luchando en continua vigilia desde su retiro de Chelsea.


Clemente VII condena el segundo matrimonio del rey. Enrique VIII reacciona violentamente. Manda que se predique contra el Papa y se declara cabeza de la Iglesia Anglicana. El clero, excepto Fisher, cede por miedo. Moro sufre y vigila. Se proclama el Acta de Sucesión, por la que se confirma la independencia respecto de Roma. Moro es atacado, como árbol caído. Acata la autoridad civil del rey, pero no quiere ser infiel a su conciencia...Se niega con tenacidad y energía a firmar la parte religiosa del Acta de Supremacía, a pesar de las amenazas. Ve a los obispos, excepto Fisher, y a los clérigos que van a firmarla.


La actitud de Moro subleva a Enrique, pues se negaba la persona de más categoría del Reino. Al no querer ceder, es enviado a la Torre de Londres. Era el año 1534... Los detalles y confidencias que su hija Margarita captó y vivió en la Torre, los recogió luego fielmente su marido Roper en la vida que escribió sobre Moro. La soledad, las enfermedades, las tentaciones, la oración y la penitencia maduraban a aquel hombre, vigoroso en la fe e interiormente enardecido". (4)


Su hija Margarita (con quien se escribía) le pide "por piedad que ceda. Moro dice que no se lo permite su conciencia, que bien quisiera complacer al rey, pero en este conflicto no puede ceder. : "No podría poner en riesgo mi alma". (5) Sabemos que Moro fue despojado absolutamente de todo, de sus propiedades, familia, títulos y honores, aún de sus libros en la celda. Fue presionado en la cárcel aún por su mujer, quien lo presionaba para que cediera en aquel famoso diálogo del que nos cuenta la historia:

 

- " Tomás, cede y firma reconociendo al rey como cabeza de la Iglesia - le instaba su esposa Alicia.

 

A lo que Santo Tomás le contestó:

 

- Mujer ¿qué negocio me presentas?... Unos pocos años de vida terrena a cambio de una eternidad de gloria?..." 

 

- "¿Qué hacéis aquí, le dice Alicia, conviviendo con ratas y ratones? En Chelsea tenéis una hermosa casa, biblioteca, libros, galería, jardín, huerta y vuestra familia". Y el argumento más fuerte era: "Os negáis a firmar lo que todos los obispos y personajes de este Reino han hecho".

 

Tomás le respondió:


"¿No se halla esta casa tan cerca del cielo como la mía?".


A esta escena se suma la fortaleza demostrada por los monjes que también se negaron a firmar. La misma amenaza dirigieron a dos cartujos que tampoco quisieron ceder: "Si no os declaráis partidarios de la Reforma, haremos que os arrojen al Támesis". Ellos respondieron: "A nosotros lo único que nos importa es ir al cielo, y nos da igual llegar allí por tierra o por mar". (6)


"En 1535 fue juzgado y decapitado Fisher, recién nombrado Cardenal y obispo de Rochester que estaba en la Torre también. Poco después es juzgado Moro. Se confiesa fiel súbdito del rey, pero no quiere jurarle como Cabeza de la Iglesia. Es condenado a morir ahorcado, descabezado y descuartizado. Luego, por "clemencia del rey" fue sólo decapitado. Firme ya la sentencia, el acusado se vuelve acusador y aprovecha la ocasión, ante el Parlamento, para justificar su conducta, apoyada con el consentimiento de la Cristiandad, fuera de la Inglaterra oficial. A ellos en cambio les echa en cara de condenarlo con una ley injusta que aprobaron por miedo. Encargó que dieran una moneda de oro al verdugo. Terminó diciendo que moría "como buen súbdito del rey, "but God´s first", pero ante Dios". (7) Era el 6 de Julio de 1535. Santo Tomás, patrono de los gobernantes, pagó con su sangre su fidelidad a la fe, pero no hubiese podido resistir sin la virtud heroica de la fortaleza.


Su vida nos grita que la independencia y la soberanía de la conciencia son sagradas, y el eco resuena hasta el siglo XXI. No hay que doblegarse jamás ante las intrusiones injustas de los tiranos. Hay valores que están por encima de la propia vida. Pío XI lo declaró santo en 1935 en el cuarto centenario de su muerte, y el obispo Fisher fue canonizado también. El gesto de Santo Tomás Moro, del Cardenal Fisher y de los cartujos nos recuerdan los clásicos versos que pronuncia Pedro Crespo en "El alcalde de Zalamea": "Al rey la hacienda y vidal / se ha de dar, pero el honor / es patrimonio del alma / y el alma sólo es de Dios".


La fortaleza a su vez, para resistir los embates de la vida y de arremeter en las buenas empresas y en su debida proporción, para que sea virtud, debe estar regida por la razón e iluminada por la fe. Debe estar gobernada por la virtud de la prudencia para no correr peligro de caer en la osadía, que desprecia lo que le indica la prudencia y sale al encuentro del peligro sin reflexionar, de una manera desproporcionada como lo sería: tratar de apagar nosotros solos un bosque o un edificio en llamas.



Notas:
(1) "Teología de la perfección cristiana". Rvdo P. Royo Marín. Editorial BAC. Pág 588.

(2) "Educar para el trabajo". Antonio J. Alcalá. Ediciones Palabra. Pág. 227.

(3) "Luz" Meditaciones. Juan Rey. S. J Editorial Sal Terrae. Pág 1150.

(4) "Sin volver la vista atrás". Justo López Melús. Editorial G.M.S. IBERICA, S.A.Pág 49

(5) "Sin volver la vista atrás". Justo López Melús. Editorial G.M.S. IBERICA. S. A Pág. 49

(6) "Sin volver la vista atrás". Justo López Melús. Editorial G.M.S. IBERICA. Pág.50

(7) "Sin volver la vista atrás. Justo López Melús. Editorial G.M.S. IBERICA. Pág. 51.







Humildad y caridad cristianas

Por: Abad Tamborrell

«Un profesionista desempleado despertó una mañana y revisó su bolsillo. Todo lo que le quedaba eran $10. Decidió utilizarlos para comprar comida y esperar así la hora de morir, ya que era demasiado orgulloso como para pedir limosna. Estaba tan frustrado por no encontrar empleo, y no tenía a nadie disponible para ayudarle.

Compró su comida y en cuanto se sentó a comer, un anciano y dos pequeños niños se le acercaron y le pidieron que les diera comida, ya que no habían comido en casi una semana. El profesionista los miró. Estaban tan flacos que se les notaban los huesos. Sus ojos se les habían hundido. Con el último pedazo de compasión que le quedaba, les dio su comida. El anciano y los niños oraron para que Dios le diera bendiciones y prosperidad, y le dieron una moneda muy antigua. El joven profesionista les dijo "ustedes necesitan esa oración más que yo".

Sin dinero, sin empleo y sin comida, el joven fue debajo de un puente a descansar y esperar la hora de su muerte. Estaba a punto de quedarse dormido, cuando vio un Viejo periódico en el suelo. Lo levantó, y de repente leyó un anuncio para los que tuvieran monedas antiguas, las llevaran a cierta dirección.

Decidió ir a ese lugar con la moneda Antigua que el anciano le dio. Al llegar al lugar, le dio la moneda al propietario del lugar. El propietario gritó, sacó un gran libro y le mostró al joven graduado una foto.

Era la misma moneda, cuyo valor era de 3 millones de dólares. El joven graduado estaba muy emocionado mientras el propietario le dio una ficha bancaria por los 3 millones. El joven cobró el dinero y se fue en búsqueda del anciano y los niños. Para cuando llegó a donde los dejó comiendo, ya no estaban. Le preguntó al dueño de una cantina cercana si los conocía. El dueño le dijo que no los conocía, pero que le habían dejado una nota. Rápidamente abrió la nota pensando que averiguaría donde encontrarlos.

Esto era lo que la nota decía: "Nos diste todo lo que tenías, y te hemos recompensado con la moneda, firma: Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. 1 Reyes 17:10-16; Mateo 11:28-30.»

Oración:
Glorioso Padre, generoso y amoroso Dios, te rezo para que nos bendigas abundantemente con bienestar y amor a mi familia y a mi. Sé que sabes que una familia es más que solamente un padre, madre, hermana, hermano, esposo y esposa, sino que familia somos todos los que creemos y confiamos en ti. Padre, elevo esta plegaria rogando bendición de amor no solo para la persona que me envió esto, sino para mí y para todos a los que reenvíe este mensaje. Y que el poder de nuestras oraciones unidas para aquellos que creen y confían en ti sea más poderoso que cualquier cosa.

Te agradezco de antemano por tus bendiciones. Dios padre, libera a la persona que está leyendo esto en este momento y a aquellos que lo harán en el futuro próximo, de sus penas y ábreles la senda del amor. Dame tu grandiosa sabiduría para ser un buen servidor de mis semejantes sin otro interés que el ser digno de ti, por sobre todo lo que me has dado Padre, porque sé cuán maravilloso y poderoso eres y como, si solo obedecemos y caminemos dentro de tu palabra y tenemos la fe de una semilla de mostaza, nos derramarás con tus bendiciones. Te doy gracias Señor por todas las bendiciones que he recibido y por aquellas que han de venir porque sé que no has terminado conmigo todavía. En tu nombre, yo rezo, Amén.

PARTICIPALO A TODOS TUS AMIGOS Y SERÁS BENDECIDO.

 

 



Carta de una sobrina

 

Estaría bueno que pudieran añadir algo de ustedes... (pao)

 

Unos amigos hermanos muy queridos me enseñaron que, sin importar qué, siempre tengo que mirar hacia el Sol, y en ese mirar se realiza un acto de poder sublime que permite sobreponerse a cualquier obstáculo. Sin importar de qué color sea tu conciencia, el mismo Sol nos ilumina a todos, cualquier cosa que nos distraiga de mirar hacia el mismo lugar, es decir, hacia un punto de unificación y paz es a mí parecer una distracción. Este es un llamado para que se note la conexión nata que tenemos los mexicanos simplemente por estar en México, comer tamales y bailar son jarocho, simplemente por ser pirámides y magia.  Sólo por ser mexicanos ya hay una conexión implícita en toda nuestra red social y cultural. Aprovechémosla al máximo, que la telepatía nos lleve hacia la victoria en esta revolución silenciosa que ya está haciendo mucho ruido....México es el Corazón, recuerden, pase lo que pase en estos días nuestro PODER está en el Corazón de cada uno de nosotros, así como en cada ser que habita en esta tierra sagrada.... 

 

Dancen por México, cada vez que caminen, hagan de su caminar una danza, cada vez que den clases, que hablen, que observen, que respiren, hagan de todos esos actos una danza sagrada por la libertad y paz de México y todos sus habitantes.....en cada pensamiento, sentimiento y acto está el camino a la abundancia que necesitamos en este momento.....no se dejen engañar por los charlatanes que leen papeles y hablan por micrófonos, sólo el Corazón nos hará libres....¿quieren una definición de corazón? entonces cierren los ojos y escuchen su respiración!!!!! ....y si añado lo que pienso,  yo aun estando algo lejos de este sol que calienta mi tierra de esta  manera...aun estando lejos de un abrazo de ustedes -mi gente...

 

No tengo mucho que decir aparte que sigamos adelante, y que cuando sea de noche tengamos a la luna que nos ilumine el camino por el que caminamos y que sean nuestras estrellas las que nos guíen, que nuestros pensamientos se conviertan en acciones , que nuestros sueños sean trabajados y estudiados hasta obtenerlos, que nuestras manos sean para crear y no para destruir, que nuestras bocas las usemos para comer, comunicar y besar mientras que nuestros cuerpos sean utilizados para expresar....¿qué tantas decisiones debemos de tomar día con día? pero sin olvidar nuestras metas...no quiero clavarme con lo que pienso únicamente yo, pero si quiero que sepan que estoy aquí lejos de ustedes, pero muy cerca de mi! y creo que debemos de escucharnos a nosotros mismos y tratar de comprendernos con mas sensibilidad, aceptarnos y dejarnos ser lo que somos. …HUMANOS… HUMO

...HERMANOS...HERRAMIENTA.............todo lo que queramos aceptar que todos somos la misma decisión de hacer o no hacer!

 

No se que mas decirles, aparte que me gustaría que muchas cosas fueran diferentes, pero mas que exigir una diferencia hacia otras gentes, ¿por qué no elegir una diferencia entre nosotros mismos para poder no demandar sino dar un ejemplo a los demás??...y  ¡¡ ¿por qué no....por qué no....por qué no??!!!!!!!

Espero que entre nosotros marquemos la diferencia del dejar de sobrevivir y comenzar a vivir...que lo merecemos.

 

ciao ciao dice la pao pao