Por: Antero Duks Octubre / 2010 Es la tarde de un viernes típico y estás manejando hacia tu casa. Sintonizas la radio. El noticiero cuenta una historia de poca importancia: En un pueblo lejano han muerto 3 personas de alguna gripe que nunca antes se había visto. No le pones mucha atención a ese acontecimiento... El lunes cuando despiertas, escuchas que ya no son 3, sino 30,000 personas las que han muerto en las colinas remotas de la India. Gente del control de enfermedades de los Estados Unidos, ha ido a investigar. El martes ya es la noticia más importante de la primera plan del periódico, porqué yá no solo es Entonces una noticia sorprende a todos: Europa cierra sus fronteras, no habrá vuelos a Francia desde
Al día siguiente la gente se reúne en las iglesias para orar por una cura y entra alguien diciendo: Prendan la radio y se oye la noticia: 2 mujeres han muerto en New York. En horas, parece que la enfermedad invade a todo el mundo. Los científicos siguen trabajando para encontrar el antídoto, pero nada funciona. Y de repente, viene la noticia esperada: Se ha descifrado el código de ADN del virus. Se puede hacer el antídoto. Va a requerirse la sangre de alguien qué no haya sido infectado y de hecho en todo el país se corre la voz que todos vayan al hospital mas cercano para qué se les practique un examen de sangre. Vas de voluntario con tu familia, junto a unos vecinos, preguntándote qué pasará? ¿Será este el fin del mundo?...
La noticia corre por todas partes, la gente esta orando y llorando de felicidad. En eso el doctor se acerca a ti y a tú esposa y dice: ¿Podemos hablar un momento? Es qué no sabíamos que el donante sería un niño y necesitamos que firmen este formato para darnos el permiso de usar su sangre. Cuando estás leyendo el documento te das cuenta qué no ponen la cantidad qué necesitarán y preguntas: ¿Cuanta sangre?... La sonrisa del doctor desaparece y contesta: No pensábamos que sería un niño. No estábamos preparados. ¡La necesitamos toda!...
A la siguiente semana, cuando hacen una ceremonia para honrar a tu hijo, algunas personas se quedan dormidas en casa, otras no vienen porque prefieren ir de paseo o ver un partido de fútbol y otras viene a la ceremonia, con una sonrisa falsa fingiendo que les importa.
Tal vez eso es lo qué Dios nos quiere decir: "Mi hijo murió por ustedes, ¿todavía no saben cuanto los amo? Es curioso lo simple que es para las personas desechar a Dios y después preguntarse porqué el mundo va de mal en peor. Es curioso ver como creemos todo lo que leemos en el periódico, pero cuestionamos lo que dice la Biblia.
Más curioso es ver como una persona puede ser un cristiano tan ferviente en domingo, pero ser un cristiano invisible el resto de la semana. Es curioso como nos preocupamos más de lo que la gente piense, que de lo que Dios piense de nosotros. |
domingo, 7 de noviembre de 2010
Una historia para meditar
lunes, 1 de noviembre de 2010
Los “muertos mexicanos”
Por: Mabel Salinas
Octubre / 2010



México es un país de colores, texturas, sabores, todo lo cual se resume en una sola palabra: tradiciones. Una de las más ricas que posee nuestro vasto territorio es su peculiar relación con la muerte, "La Calaca", "La Catrina".
Los mexicanos le hemos quitado a la muerte su sombría faz y le hemos dado ornamentos de papel picado; le hemos "perdonado" que "se lleve" a nuestros seres queridos, como se dice coloquialmente, a quienes recordamos el 2 de noviembre de cada año.
¿Cómo? Por medio de una ofrenda que reafirma el sincretismo cultural de nuestra tierra, pues combina lo europeo y lo americano; lo español y lo mexicano; amalgama la herencia de nuestras raíces indígenas con el cristianismo proveniente de la evangelización.
Todo tiene su origen en la época prehispánica, ya que los nativos rendían un culto particular a la muerte, y aunque la concebían como un proceso natural, dependiendo de la forma en que morían les aguardaba un camino distinto.
Quienes fenecían de forma natural iban al Mictlán, que quiere decir lugar de los muertos; ésa era la morada de Mictlantecuhtli –dios del inframundo para las culturas Azteca, Mixteca y Zapoteca–, en donde debían pasar una serie de pruebas durante cuatro años y posteriormente alcanzar el descanso definitivo.
En caso de que el muerto fuera un niño, éste iba a un lugar distinto, especial: la casa de Tonacatecuhtli, la diosa de la creación y la fertilidad, ahí moraban junto al "árbol de nuestra carne".
Por otro lado, quienes morían ahogados, a causa de un rayo o por alguna enfermedad relacionada con el agua, tenían como destino el Tlalocan, donde residía Tláloc, dios de la lluvia. Según la tradición, el muerto era enterrado con una rama seca que, al llegar "al otro lado", reverdecía.
Y finalmente, las personas que fallecían durante un combate o en algún sacrificio a los dioses, acompañaban al sol y cuatro años más tarde volvían a la tierra convertidos en colibríes.
LA OFRENDA
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Las ofrendas datan desde esta época, ya que los indígenas solían colocar instrumentos y herramientas que los muertos necesitarían para su viaje al inframundo o al sitio que les correspondiera según fuera su caso.
Cuando se incorporó la parte religiosa la concepción cambió, pues la muerte se concibió como un paso, no a otra vida cualquiera, sino a una eterna. Fue justamente gracias al catolicismo que se estableció la fecha de la conmemoración como el 1 y 2 de noviembre, en honor al Día de Todos los Santos.

Asimismo, se comenzaron a celebrar misas en memoria del difunto, se rezaba en su nombre para que su alma fuera perdonada y, en caso de estar en el Purgatorio, pudiera arribar al Cielo. Pero a pesar de ello, algunos indígenas continuaban celebrando sus rituales clandestinamente.
Además de la parte religiosa, los españoles aportaron la utilización de las flores amarillas y de la comida, para que quienes sobrevivían al muerto "comieran con él" durante su "visita".
Ya para la época del México independiente, la festividad cobró aún mayor forma; fue entonces cuando aparecieron los dulces típicos, como las calaveras de azúcar, los muertitos de mazapán y se comenzó a "pedir calaverita".
Hoy en día las ofrendas han cambiado desde lo que fue su concepción original, ya que en lugar de contener herramientas para el paso al inframundo, tienen los alimentos preferidos del difunto que, según la tradición, viene a disfrutarlos; pero también hay otros objetos que tienen un significado particular:
Ceras y veladoras: guían a las ánimas a lo largo de su travesía para ir a sus antiguos hogares y posteriormente para volver al Cielo.
Imágenes: son la paz en el hogar, así como una aceptación para compartir los alimentos.
Copal: sirve para purificar las habitaciones.
Frutos: cada una tiene un significado. Por ejemplo, la manzana representa la sangre y la amabilidad; y la calabaza en dulce de tacha, las buenas relaciones sociales.
Pan: es el alimento más preciado.
Vaso con agua: simboliza la pureza del alma.
Flores: significa la festividad.
Sal: representa la sabiduría y purificación.
LAS INDISPENSABLES CALAVERITAS
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Este bagaje cultural se suma a la naturaleza festiva de los oriundos en el suelo azteca, que con el paso del tiempo combinaron los elementos religiosos con su tradicional culto a la muerte, convirtiendo a éste en un día de conmemoración, sensibilidad y nostalgia.
Siguiendo la estela de festividad, sátira y dolor, surgieron las afamadas calaveras, que son una representación de seres vivos, cosas o incluso ideas que tienen la forma de cráneos y esqueletos, las cuales eran acompañadas con versos que ridiculizaban a los personajes públicos del momento.
Éstas son el legado del litógrafo mexicano Santiago Hernández, surgieron en 1872 y su intención era meramente política. Sin embargo, los verdaderos creadores de la tradición fueron los editores Antonio Vanegas Arroyo y su hijo Blas, dueños de una imprenta.
Las primeras calaveras eran hojas multicolores que se publicaban con grabados de Manuel Manilla y José Guadalupe Posada, las cuales tenían sátiras sobre los políticos del momento y del mismo pueblo.
Las "calaveritas" han alcanzado tal popularidad, que hoy en día, en la fechas cercanas al 2 de noviembre, se vende un libro llamado "Calaveritas Literarias", de Colecciones Pranc, hasta en las estaciones del Metro de la Ciudad de México.
He aquí un ejemplo de una de ellas.
A la economía
Por eso el 2 de noviembre, del pueblo
Se oye el lamento;
No es que sufra por sus muertos,
Más llora por el aumento.
Por lo tanto, en hogar pobre
Ya no alcanza para tortas,
Pues cuando llega el tal sobre,
O pagas o te la cortan.
Así que ¡oh! Muerte bendita,
Te encomiendo una misión,
Que al venir no seas blandita
Con los de la comisión.
Los líderes de la luz,
Hacen fiesta y se desvelan,
Al pobre le das cus, cus,
Alumbrándose con velas.
Por eso a la muerte exijo
Que ya nos lleve pa'l Cielo
Pues aquí todo está jijo
Y no encontramos consuelo.
Pero eso sí, el gobierno hace
De su mandato un cirquito,
Ojalá y se chamuscasen
Todos de un corto circuito.
Y por último a Dios ruego,
Que si nos quiere ayudar
Nos deje el sol, día y noche
Pa´ no tener que pagar.
Esto es una muestra más del ingenio mexicano que se sirve de cualquier tradición para lucrar con la creatividad.
domingo, 17 de octubre de 2010
El Derecho moderno y la realeza de Nuestro Señor Jesucristo
"¡No queremos que El reine sobre nosotros!" "¡No tenemos otro rey sino César!" Son los términos por los cuales los judíos repudiaron la Realeza de Nuestro Divino Salvador.
Y estos son los términos en los cuales todavía hoy se desarrolla la lucha. "El enemigo es el paganismo de la vida moderna, las armas son la propaganda y el esclarecimiento de los documentos pontificios. El tiempo de la batalla es el momento actual. El campo de batalla es la oposición entre la razón y la sensualidad, entre los caprichos idolátricos de la fantasía y la verdadera revelación de Dios, entre Nerón y Pedro, entre Cristo y Pilatos. La lucha no es nueva; es nuevo solamente el tiempo en que ella se desarrolla" (Cardenal Pacelli en su discurso al Congreso de los Periodistas Católicos).
* * *
Pero no son solamente enemigos de la realeza de Nuestro Señor Jesucristo los que se confiesan frontalmente contrarios a su plano de Redención. Hacen coro veladamente con esas voces impías y renegadas, aquellos propios católicos que deforman las palabras del Divino Maestro delante de Pilatos, cuando declaró que su Reino no es de este mundo (Jo. 18, 36), dándoles un sentido restrictivo, como si esa realeza fuese una realeza exclusivamente espiritual, realeza sobre las almas, y no una realeza social sobre los pueblos, sobre las naciones, sobre los gobiernos.
Cuando Nuestro Señor dice que su Reino no es de este mundo, aclara el Cardenal Pie, quiere decir que no proviene de este mundo, porque viene del Cielo, porque no puede ser arrebatado por ningún poder humano.
No es un reino como los de la tierra, limitado, sujeto a las vicisitudes de las cosas de este mundo. En otras palabras, la expresión "de este mundo" se refiere al origen de la Realeza Divina y no significa de ninguna manera que Jesucristo niegue a su Soberanía un carácter de reino social. De otro modo, si no pasase de la órbita estrictamente espiritual o de la vida interna de las almas, habría flagrante contradicción entre esa declaración de Nuestro Señor y otras, por ejemplo aquella en que El dice claramente que "todo poder me fue dado en el Cielo y en la Tierra".
Y como dice Soloviev, "si la palabra a propósito de la moneda había quitado a César su divinidad, esta nueva palabra le quita su autocracia. Si él desea reinar sobre la tierra, no lo puede hacer por su propio arbitrio: debe hacerlo como delegado de Aquel a quien todo poder fue dado en la Tierra".
* * *
Ahora bien, una de las principales características del espíritu revolucionario es justamente la pretensión de realizar la separación entre la vida religiosa y la vida civil de los pueblos.
No es la voluntad expresa de Dios la que prevalece en las leyes, como un dictamen de la recta razón, promulgado por el poder legítimo en favor del bien común, sino la expresión de la mayoría o de la voluntad general soberana. Así, la causa eficiente del bien común no se encuentra fuera y por encima del hombre, sino en la libre voluntad de los individuos. El poder público pasa a tener su primer origen en la multitud y, dice León XIII, "como en cada individuo la propia razón es la única guía y norma de las acciones privadas, debe serlo también la de todos hacia todos, en lo relativo a la cosas públicas. De ahí que el poder sea proporcional al número, y la mayoría del pueblo sea la autora de todo derecho y obligación" (Encíclica "Libertas").
De este modo se repudia en la sociedad moderna la intervención de cualquier vínculo "entre el hombre o la sociedad civil y Dios, Creador y, por lo tanto, Legislador Supremo y Universal". (Doc. cit.).
Antes del siglo XVIII, antes de que la Revolución Francesa hubiese implantado tiránicamente en el mundo el artificialismo del "derecho nuevo" revolucionario, todos los países tenían instituciones políticas y sociales basadas en la fuerza de las costumbres cristianas, instituciones que no habían sido elaboradas por asambleas elegidas por la burla de la soberanía del pueblo.
Como dice Joseph de Maistre, "la constitución civil de los pueblos no es jamás el resultado de una deliberación". No debe ser un simple acto de voluntad que nos dicta, sino sobre todo un precepto de la recta razón que no se puede desconocer, y mucho menos ir contra el mandamiento divino. Las leyes humanas han de emanar de la ley eterna. Si se deja al arbitrio de las eventuales mayorías o de la multitud más numerosa la ley que establece lo que se ha de hacer u omitir, según León XIII, se prepara así la rampa que conduce a los pueblos a la tiranía.
Por lo tanto, transfiriendo el derecho de su fuente natural, que es la voluntad de Dios expresada por la ley natural y por la Revelación, de las cuales la Iglesia es guardiana e intérprete infalible, a los sectarios que por golpes políticos se enseñorearon de los cuerpos legislativos a través de la alquimia del sufragio universal, el liberalismo preparó al mundo moderno para las cadenas que lo atan al Leviatán totalitario.
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Napoleón consolidó la Revolución, no tanto en los campos de batalla, cuanto al codificar el caudal de leyes emanadas de las asambleas revolucionarias.
No debe extrañar, por lo tanto, que Napoleón se declarase más orgulloso por el Código que trae su nombre, que por todas sus victorias como soldado. Consolidó la Revolución, no tanto en los campos de batalla, cuanto al codificar el caudal de leyes emanadas de las asambleas revolucionarias. Cambacérés y sus comparsas pusieron un simulacro de orden en aquel caos de legislación racionalista, que sólo se preocupa con las apariencias del orden natural, ignorando completamente el orden sobrenatural. Ese naturalismo ya sería suficiente para establecer la escisión de la legislación revolucionaria con la ley eterna. Sin embargo, no son pocos los artículos del Código Napoleónico que se encuentran en frontal oposición a Jesucristo y a su Iglesia.
El cesarismo se manifiesta por el establecimiento del "casamiento civil", por la autorización del divorcio, por los atentados contra el patrimonio familiar, en las disposiciones sobre sucesiones y el derecho de legar; por el no reconocimiento de la existencia de las Ordenes Religiosas; por el rechazo del derecho que tiene la Iglesia de adquirir y de poseer libremente bienes. Mantiene la supresión revolucionaria de las corporaciones o de la libertad de asociación; afirma el falso principio de la igualdad civil y política de todos los ciudadanos, y basándose en ese falso principio, propina un golpe de muerte a la institución de la familia, al prescribir la división igualitaria de las herencias. Y así, a través de este código Revolucionario, modelo de legislación que sería adoptada por todos los Estados modernos, Cristo Rey es expulsado de los gobiernos y de las leyes que rigen a los pueblos.
Así se puede decir, con Blanc de Saint-Bonnet, que "el Imperio fue la coronación del liberalismo o, en otras palabras, la instalación del cesarismo: la más perfecta sustitución de Dios por el hombre, de la Iglesia por el Estado que jamás se realizó, fuera del Imperio Romano o, si se prefiere, del imperio otomano".
* * *
Con esto se abre la puerta al socialismo y al comunismo. Porque el liberalismo conduce fatalmente al comunismo, no por vía de reacción, como declaman ciertos sociólogos improvisados, sino por su propia esencia, por sus propias características. El liberalismo generó el ateísmo, por su desprecio por la fe, y por la libertad desenfrenada concedida al error religioso y social. Enseguida, solapó la propiedad privada en su propia base por el modo de tratar los derechos de la nobleza, de expropiar los bienes de la Iglesia, de disponer arbitrariamente del patrimonio familiar, de consentir en los abusos de la vida económica y en la explotación del hombre por el hombre.
Finalmente, el liberalismo instaló en los Estados la fuerza brutal de las masas, entregando el poder amarrado de manos y pies al sufragio universal. "Ahora, el comunismo toma como base el ateísmo, como fin la usurpación del capital, y como medio la fuerza empleada por las masas". (Blanc de Saint-Bonnet, in "La legimité").
El punto general de convergencia de toda la obra revolucionaria es, por lo tanto, la radical negación del reino social del Divino Salvador. "¡No queremos que El rey de sobre nosotros!". "¡No tenemos otros rey sino el César!". De este modo, "el error dominante, el crimen capital de este siglo es la pretensión de sustraer la sociedad al gobierno y a la ley de Dios… el principio colocado en la base de todo el moderno edificio social, es el ateísmo de la ley y de las instituciones. Se disfrace éste bajo los nombres de abstención, de neutralidad, de incompetencia o aún de igual protección; que se vaya hasta contradecirlo por algunas disposiciones legislativas de detalle o por actos accidentales y secundarios: el principio de la emancipación de la sociedad humana en relación al orden religioso permanece en el fondo de las cosas; es la esencia de aquello a lo que se da el nombre de tiempos nuevos". (Cardenal Pie, t. 7).
El católico para no desertar de su fe, como miembro de la Iglesia militante debe, por lo tanto, luchar por la restauración del Reino de Cristo, como única vía para la restauración de la verdadera civilización, que es la Civilización cristiana, la ciudad católica. Y si Jesucristo es Rey de toda la Creación, tenemos en su Santísima Madre la Reina de Cielos y Tierra.
San Luis María Gringnion de Montfort dice que si Jesucristo vino al mundo fue por medio de la Santísima Virgen y que también por Ella debe reinar en el mundo. Esa devoción a la humilde Virgen María, tan despreciada por los orgullosos, hinchados por la vana ciencia del mundo, esa devoción se encuentra ligada de modo tal a toda la doctrina católica, que se puede decir que ella es el último eslabón de una cadena de verdades cuyo primer eslabón es el dogma de un Dios Creador, y es ese último eslabón que necesita la sociedad humana, amenazada de caer en el abismo del naturalismo y del comunismo. Las cuestiones más graves, las más vastas consecuencias del orden humano y social dependen de esos artículos de fe. Y de ésos puntos del dogma, relegados hoy al interior de los santuarios.
En este mes del Rosario y de la Fiesta de Cristo Rey, hagamos subir hasta el trono de la Madre de Dios nuestras ardientes súplicas para que la humanidad sufridora pueda ver pronto la restauración del reinado de Su Divino Hijo.
domingo, 10 de octubre de 2010
Religión, ¿fuente de éxito o de fracaso?
Por: Norma Mendoza Alexandry
Octubre / 2010
Es un hecho que bases de datos y estudios serios en ramas sociales han demostrado una y otra vez que en términos generales, las familias que son conocidas como "intactas" de padre y madre casados, siempre proveen a los infantes de mayor bienestar, felicidad, mejor salud, oportunidades educativas y mayor estabilidad que cualquier otro arreglo.
Incluido en esto hay un aspecto importante que en muchas ocasiones no es totalmente visible, consistente en los beneficios espirituales: las familias que rezan juntas, tienden a permanecer unidas y trasmitir a las futuras generaciones más beneficios y bases de principios morales sobre los cuales debe fundamentarse una sociedad fuerte.
En la última década se han extendido las investigaciones sobre los efectos de la práctica religiosa. Hoy abarca áreas tales como la salud, superación de adicciones, reducción de la criminalidad, rehabilitación de infractores de la ley, etcétera.
Una de las investigaciones realizadas por el Doctor P. Fagan1 otorga resultados sorprendentes sobre la práctica religiosa, la cual trae consigo efectos benéficos para el éxito educativo de los niños, que incluyen:
· Promedio de aptitud más altos.
· Otorgan más tiempo a sus tareas escolares.
· Un efecto positivo en no dejar sus estudios.
Este efecto es aún mayor para los niños de familias de bajos ingresos, debido a que la religión es una de aquellas instituciones en las que los pobres tienen acceso abierto y es confiable.
En la práctica religiosa en casa y los logros educativos escolares descansa el resultado que muestra la manera en que la práctica religiosa influye en el desempeño educativo. Éste incluye valores interiorizados y normas, hábitos constantes de trabajo, altas expectativas personales y bajas tasas de comportamientos riesgosos.
Las familias que comparten intereses religiosos y padres que tienen matrimonios estables, inculcan estos valores y expectativas a sus hijos.
Una excepción a estos resultados positivos consiste en aquellos grupos de tendencia religiosa fundamentalista, que tienden a considerar la educación como negativa para las convicciones religiosas estudiantiles y a menudo se oponen a la educación superior.
Las políticas públicas en general deberían interesarse en que uno de los efectos más importantes de la práctica religiosa es el logro educativo. La educación es ampliamente considerada como un medio para mantener el bienestar de aquéllos que pertenecen a la clase media. Es también un arma poderosa para extraer a los individuos de la pobreza.
Como resultado, las naciones han desarrollado estrategias educativas de largo plazo como parte integral de su desarrollo económico. Los estudios elaborados en este aspecto, tienden a explicar que si la práctica religiosa tuviese un efecto significativamente positivo en la educación, por tanto, ésta tendría profunda implicación para las economías mundiales y las sociedades.
En estos estudios, la influencia de la práctica religiosa en los resultados educativos consiste de dos partes. La primera examina los efectos de la práctica religiosa en el desempeño educativo. La segunda clasifica las maneras por las cuales la práctica religiosa logra estos efectos.
Estas maneras o caminos incluyen la dinámica interna del niño (control interno, expectativas de sí mismo, disciplina, hábitos y esfuerzo de trabajo), la vida marital de sus padres y la vida familiar que forman juntos (estabilidad matrimonial y satisfacción familiar, ingreso familiar y expectativas de los padres), actividades eclesiales (oración en congregaciones, redes sociales y actividades extracurriculares de organizaciones afiliadas a la Iglesia) y dinámicas tales como religión étnica para migrantes o la protección que ofrece la religión contra comportamientos riesgosos que frenan el avance educativo.
Los estudios también analizan algunos de los efectos que ciertos tipos de prácticas religiosas pueden tener en el logro educativo. Estos efectos se manifiestan a menudo en áreas marginales de población y pueden ser significativamente negativos.
Como es bien sabido, la familia natural en la que una madre y un padre crían a los hijos que concibieron, está reflejada en la familia intacta de padres casados o "familia tradicional". Esta familia en principio está basada en el amor, la lealtad y la entrega. Otras estructuras familiares (excepto la del adulto viudo), son hogares basados en el rechazo personal o ambivalencia hacia la entrega o el compromiso, o "cultura del rechazo y alienación".
Por ejemplo, en la familia de padres siempre solteros, un padre rechaza casarse y darle al niño una familia de padre y madre casados en la que pueda crecer. La familia de un solo padre o madre divorciado ocurre después de un profundo rechazo de los padres entre sí; el rechazo de una esposa previa es la condición común sobre la que se basan familias re-hechas.
En hogares de padre/madre solteros que cohabitan, el uno ha rechazado a la madre natural del hijo y ambos adultos que cohabitan son ambivalentes en cuanto a una relación de largo plazo. Los actos deliberados de ambivalencia y rechazo que descansan en la raíz de estas estructuras familiares, traen profundas consecuencias para todos los involucrados.
Aunado a lo anterior, cuando ninguno de los padres reza, la tasa de virginidad de sus hijos es mínima. Cuando una madre lo hace pero el padre no, la tasa es mayor. Cuando el padre rinde culto pero la madre no, la tasa de virginidad es aún más alta. Cuando ambos, padre y madre, rezan, los hijos muestran la mayor capacidad para permanecer célibes hasta el matrimonio.
Datos de la "National Longitudinal Survey of Youth, USA" muestran la relación entre la asistencia a servicios religiosos y la estructura familiar en hombres jóvenes y su nivel de ingresos en edades de 30 años.
Hombres jóvenes en el nivel más bajo de ingresos provenían de familias rotas que nunca rezaban. El nivel más alto de ingresos consistía en hombres jóvenes que fueron criados en familias intactas que asistían a servicios religiosos semanalmente.
Estas investigaciones coinciden con otras, una de ellas fue conducida en el año 1980 por el economista laboral Richard Freeman, de la Universidad de Harvard. Él encontró que niños que lograban superarse en la edad adulta, de un ambiente de pobreza en su barrio (la mayoría proveniente de familias de padres solteros), habían crecido en un ambiente en el cual había culto religioso semanal.
De todos los factores base que ayudaron a los individuos a salir de la pobreza (aparte de otras influencias), Freeman encontró que el más poderoso fue el culto religioso continuo semanal.
Hablando en términos sociológicos, es interesante notar que establecer una relación con Dios se traducirá en creciente fuerza interior, que se hace evidente en comportamientos externos. En la jerga de los científicos sociales, los datos obtenidos muestran que el culto a Dios en general es fuente de fortaleza personal, de capacidad interpersonal y un facilitador de cohesión social, o como a los economistas les gusta llamarlo: capital social.
Cuando un matrimonio intacto y el culto religioso regular son combinados, se incrementa el capital social y los beneficios para los niños, los adultos y la nación se multiplican.
domingo, 3 de octubre de 2010
Opus Dei, su labor a 82 años
Por Marcela Méndez
Octubre / 2010
El Opus Dei nació el 2 de octubre de 1928; era martes y en Madrid se realizaba la fiesta de los Santos Ángeles Custodios. Al finalizar la ceremonia y acudir a su habitación, el sacerdote Josemaría Escrivá de Balaguer, de 26 años, tuvo una visión: Dios quería que una parte de la Iglesia estuviera compuesta por gente de toda condición, que fuera capaz de incorporar y comunicar el mensaje de que Dios llama a todo el mundo a la santidad. "Vi el Opus Dei", afirmaba el sacerdote.
Así fue como nació, a partir de una visión, la institución de la Iglesia Católica que hoy define su misión de la siguiente manera: "difundir el mensaje de que el trabajo y las circunstancias ordinarias son ocasión de encuentro con Dios, de servicio a los demás y de mejora de la sociedad".
Se trataba de una visión que poco a poco se fue materializando y fue cumpliendo con sus objetivos: primero, al integrar a las mujeres el 14 de febrero de 1930; al comenzar su expansión por otras ciudades españolas y otras naciones, en 1939; al emprender Josemaría un viaje Europa en 1946, con la finalidad de establecer la labor del Opus Dei en distintos lugares. Y después, cuando el 24 de febrero de 1947 la Santa Sede otorga a la institución la primera aprobación pontificia.
Así, fue creciendo hasta convertirse en lo que es hoy. Actualmente el Opus Dei, que se constituye por un prelado, un clero propio y laicos, está presente en 67 países. Son más de 87 mil fieles los que forman la prelatura, de las que mil 900 son sacerdotes. Por continentes, la participación de los fieles se calcula del siguiente modo: mil 800 en África; 4 mil 800 en Asía y Oceanía; 29 mil 400 en América y 49 mil en Europa.
Además, existen los llamados cooperadores que, sin ser miembros de la Prelatura, ayudan a la realización de actividades del Opus Dei. Su función puede ser de trabajo o económica.
"La actividad principal del Opus Dei consiste en dar a sus miembros, y a las personas que lo deseen, los medios espirituales necesarios para vivir como buenos cristianos en medio del mundo", decía Josemaría. Para alcanzar ese objetivo, la institución del Opus Dei realiza en todo el mundo diversas actividades, tales como: retiros, charlas doctrinales y clases de catecismo.
En general, sus actividades pueden ser clasificadas en tres grupos: medios de formación (retiro espiritual, clases semanales), apostolado ( labor de testimonio y ayuda en el trabajo por parte de todos los miembros; consiste en procurar que todos los cristianos, sin importar a qué se dediquen, cooperen en la solución de los problemas de la sociedad, mediante el testimonio de su fe), y obras corporativas (son iniciativas de carácter civil y sin ánimo de lucro que tienen una finalidad apostólica y de servicio).
A partir de las enseñanzas de Josemaría, el Opus Dei respalda diferentes actividades a nivel mundial: iniciativas civiles y de interés público (Escuela Técnica Nocedal, ubicada en Chile; Esuela Técnica Xaloc, ubicada en España; Midtown Sports and Cultural Center, ubicada en Estados unidos); actividades como el proyecto Training of Trainers (TOT, por sus siglas en inglés y "Formación de Formadores" en español), que consiste en impartir cursos a mujeres de Kenya que desean ser microempresarias.
De esta forma, y a través de gente común que a través de su actuar diario da testimonio de la fe católica, el Opus Dei extiende su actividad a lo largo de 67 países en el mundo. La misión que tiene es invaluable, y sus misioneros son personas como nosotros, que nos topamos cada día que buscan un solo objetivo: encontrar a Cristo, y ayudar a que los demás lo encuentren, en el trabajo, la vida familiar y el resto de actividades ordinarias.
